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jueves, 7 de mayo de 2015

DIARIO: EL BARÇA - BAYERN DESDE DENTRO

Era un miércoles especial, Pep volvía al Camp Nou. O quizás simplemente era especial porque volvíamos nosotros, los culés, a la fase final de la Liga de Campeones; esa fase de la que nos ausentamos el año pasado. Un año horrible que al final, gracias al contraste que ha creado esta campaña respecto a la anterior, ha hecho que la ilusión vuelva a crecer en Barcelona.
Me dirigía temprano hacía el estadio, quedaban algo menos de dos horas cuando subía a un metro casi vacío, y ponía dirección Badal. Normalmente, esta línea suele estar llena de aficionados que llegan justos al campo, pero no a esa hora. Sin embargo, todo cambia cuando vuelves a salir a la calle. Ahora predomina el blaugrana. La mayoría de la gente lleva su camiseta con el nombre de su ídolo detrás y se dirigen, sino al campo, a sus cercanías. A esas cercanías llenas de bares y de peñas que le dan al barrio un toque especial. Sobre todo en día de partido como hoy.  Pero sin duda, lo que más impresiona de allí es levantar la vista y divisar, aun en la lejanía, la parte más alta del majestuoso Camp Nou. “Hoy es un miércoles importante”, me pasa por la cabeza.
Ponemos rumbo al complejo culé. Pasamos por esas calles tan del estilo de les Corts, un poco estrechas y sombrías, donde los coches pierden preferencia frente las marabuntas de hinchas que cruzan calles sin importarles cualquier señalización y donde en cada esquina hay algún culé con su Estrella en la mano comentando con su compañero opiniones sobre el deporte rey. En esas terrazas improvisadas se aprende más de futbol que escuchando ciertos programas deportivos. A ello que pasamos por el lado de un bar donde se encuentran los Almogàvers, el grupo de animación del club, y allí empezamos a ver alguna camiseta alemana. Más exactamente presenciamos una curiosa escena donde un hincha del Bayern y otro de Barça se retan a ver quién grita más fuerte el nombre de su equipo. Entre cervezas, parece que hay un empate técnico. Se empiezan a oír cánticos procedentes de la siguiente terraza. Esto se anima.

Paradas de camisetas y bufandas en las cercanías del Camp Nou.

Zona principal de entrada al campo.
Llegamos a uno de los accesos del Barça, y nuestra llegada coincide con la del autobús de los alemanes, que al pasar por delante de la zona de los hinchas culés ven como hasta se enciende alguna bengala y se oyen ciertos pitos y abucheos. Las camisetas del equipo alemán empiezan a verse con más frecuencia. Decidimos ir hacia las entradas de la tribuna principal. El ambiente es espectacular. Cuesta avanzar entre tanta gente vestida con la camiseta culé. Ya dentro de las instalaciones, vemos los dos grandes puentes que comunican las oficinas con el estadio y la parte exterior de la tribuna con una gran imagen de los jugadores.  El Camp Nou, un estadio de más de cincuenta años, parece rejuvenecerse en esta zona. El ambiente es jovial, pero a la vez que pasan los minutos la tensión crece: el partido es importante, el equipo no se puede permitir perder. La seriedad va aumentando. Después de pasar el rato dando una vuelta por esta zona, viendo diferentes equipos de  televisión de todo el mundo hacer entrevistas y previas sobre el partido, decido volver a la puerta 37, en el gol sur, a esperar a mi otro compañero, que por culpa del tráfico, llegará justo.
Me siento en unas grandes escaleras que quedan fuera del complejo. Ahí, hay gente como yo esperando a sus amigos para entrar a ver ya el calentamiento de los jugadores. Quedan escasos cuarenta y cinco minutos para que el balón eche a rodar. En este mismo lugar, me fijo en un chico argentino, de unos 25 años, con una chaqueta de Boca y barba de más de un mes, que a cada persona que pasa a su lado le recita la misma oración “Disculpe, ¿no tendrá un carné de más?“. La respuesta es obvia. El muchacho se quedará sin ver el partido. Pero es que la ilusión que se reflejaba en sus ojos, la tristeza de no poder ver a Messi en directo que se le notaba en la cara era tal, que si mi compañero llega a tardar dos minutos más, le doy yo la entrada que me sobraba y me iba con él a dentro. Por suerte para mi amigo, llegó a tiempo.

ROAD TO BERLIN

Fachada principal del Camp Nou.

Curiosa camiseta de un aficionado.
Ya dentro del Camp Nou, encontramos nuestra boca, nuestros asientos. Justo a tiempo para escuchar recitar al speaker la alineación del equipo visitante. Para mi sorpresa, el nombre de Pep Guardiola no iba a ser mencionado, y con ello, desaparecía la posible ovación del campo al que fue su entrenador. Llega el once del Barça, el once de gala. El campo está lleno, y antes de que salten los jugadores suena el himno. El campo se tiñe de blaugrana con el mural. Justo me da para levantar la cartulina, cantar el himno y grabar la escena. Brutal. La primera parte del himno acaba, se apaga la megafonía, pero el Camp Nou sigue cantando acapella la segunda estrofa, esa que solo los culés saben. Se acaba. Los jugadores saltan al campo. Todo el mundo sigue de pie, el mural aún se aguanta, y cuando están en fila los 22 protagonistas, suena el más mítico himno que el mundo del futbol nunca ha escuchado. El himno de la Champions. Vello de punta.  Hacía tiempo que no venía a un encuentro de Liga de Campeones; de hecho el último que presencié fue el descafeinado Barça – Bayern en el que nos ganaron 0-3. Qué cosas. Se acaba el himno. Esa finalización en que todo el mundo corea para sí mismo la traducción directa de “¡¡la Champiooooons!!” sin atreverse a cantarla. Una canción que no se canta, pero que se siente. Acaban las presentaciones, se va difuminando el “WE ARE READY” que mostraba la grada, y llega la hora de los “Almogàvers”, que justamente están en frente mío.  Como siempre, los primeros minutos del match fueron los más entretenidos, la gente cantaba y animaba como los grandes días, y la buena imagen del Barça hizo alargar este estado hasta el final de la primera parte, cuando daba la sensación de que habíamos perdonado al Bayern.
Foto tomada desde mi posición, a escasos minutos de que los jugadores saltasen al campo.

El espectacular mural desde la tercera gradería.
La segunda parte empezó más fría, el dominio inicial bávaro puso en jaque los nervios de los aficionados culés y en ese momento es cuando los aficionados alemanes se hicieron grandes. En la parte más alta del campo, empezaron a cantar y a saltar, totalmente coordinados, demostrando que la hinchada del Bayern es una de las mejores de Europa. Los culés, que no podemos presumir de ello, que normalmente vamos al campo como aquél que va al teatro, mal acostumbrados por el genial juego que se vive en el Camp Nou quizás, quisimos contratacar pitando y cantando aún más fuerte, pero la tensión del partido impedía quitar los ojos del terreno de juego.
Entonces llegó Messi y todo se acabó. El Camp Nou se rindió: se dejó la voz ovacionando al mejor. De ahí hasta el final del partido la grada fue una fiesta y a cada gol que subía al marcador, la alegría aumentaba y la voz se quedaba corta para expresar la felicidad que corría por las venas de los hinchas. A mí, por mala suerte, me tocó vivir los goles des de la portería más lejana, y no supe apreciar en el segundo gol la burrada de Messi hasta que lo vi en televisión. Si lo hubiera hecho en el campo, no sé cómo habría reaccionado. Con el gol de Neymar, momento que el campo ya se estaba vaciando de esa gente comúnmente conocida en Barcelona como “tribuneros”, se dio por cerrado el partido, abandoné mi sitio y por los pasillos interiores, arrastrado por una corriente de gente buscando la salida, cantamos el himno del Barça a la vez que nos íbamos. Algo especial.
Ya en la calle, aun se oían inicios de cánticos en las cercanías del estadio. El partido había sido un éxito rotundo, y la gente quería celebrarlo por todo lo alto, después de haber expulsado ese nerviosismo que tenían dentro. Al final, en el que iba a ser su partido, Pep no fue nadie en una noche que volvió a ser de Messi. O más que de Messi, del Barça. En el campo se sintió como una revancha contra el propio Bayern por lo de hace dos años, y a la vez como una manera de quitarse complejos frente a un pasado que aún estaba muy vivo en el Camp Nou. Parecía haberse enterrado para siempre el fantasma de Guardiola, del tiki-taka, parecía que el Barça había saldado la deuda que tenía pendiente con el futbol.
Volviendo ya en metro, esta vez entre aglomeraciones de gente, las caras que veían reflejaban tranquilidad y felicidad, aun no siendo conscientes de lo cerca que quedaba Berlín de les Corts tras ese partido. Con cara de aun no creerse lo que habían vivido en lo que iba a ser un miércoles especial  y que lo acabó siendo, pero no por Pep, sino por el Barça en general.

lunes, 27 de abril de 2015

SUEÑOS BIANCONEROS

Esta semana la Juventus puede proclamarse ya campeona, por cuarto año consecutivo, del Scudetto y así consolidar su dominio absoluto en la nueva era del calcio italiano. Ahora bien, ganar la liga doméstica parece no ser un reto para los juventinos; des de que se asentaran como los reyes de la Serie A, el sueño de los millones de aficionados bianconeris ha sido volver a reinar en Europa, y eso parecía alejarse a la vez que Conte lo hizo de Turín. La marcha de Antonio para dirigir a la azzurra parecía cerrar un ciclo de alegrías nacionales y tropiezos internacionales. La gran espina de Conte con las competiciones europeas fue su cruz, y su dimisión dejaba a la Juve sin su pie de apoyo.
El 1 de mayo del pasado año, el equipo turinés abandonaba la posiblidad de disputar la final de la Europa League en su propio estadio, en una competición en la que era el máximo favorito. El seco empate a cero podría haber sido la gota de colmó el vaso en el proyecto de Conte. A mediados de julio nos sorprendía su dimisión casi sin previo aviso, y la Juventus, que temía perder su hegemonía en la bella Italia, decidió dar las riendas del equipo a alguien con carácter continuista. Evito innovar para intentar sorprender en Europa entregando el mando a un entrenador ya con experiencia en la Serie A. Allegri era el escogido. Y la verdad, no levantó mucha pasión en los tifosi juventinos. A parte de haber pertenecido a un rival como el Milan, Massimiliano no había sembrado grandes temporadas en el club rossonero. Era un claro signo de decadencia para muchos. A parte, la marcha de Conte parecía ser la primera de muchas en el equipo, pues jugadores franquicia como Pogba o Vidal sonaban cada mañana en los tabloides de toda Europa como posibles refuerzos para otros clubs con más aspiraciones. La Juventus parecía empezar a oxidarse como se oxidaba todo el futbol que le rodea geográficamente.

Paul y Arturo sonaron como posibles refuerzos de media Europa en el verano pasado.
Sorprendentemente, no hubo ventas de estrellas y llegó setiembre con la plantilla casi como Conte la dejó. Ningún pilar más había caído y se habían incorporado hombres que podían cargar con responsabilidades como Evra y Morata. Y sí, aunque en Italia todo siguió igual de fácil, su trayecto europeo seguía el mismo ritmo que el del año pasado. La derrota frente al Olympiacos les dejaba sin margen de error. Salvaron la clasificación remontando in-extremis el partido de vuelta a los de Michel y llevando a cabo un "biscotto" frente al Atlético en la última jornada de la liguilla, con un triste empate a cero. Las esperanzas eran más bien escasas.
Allegri, mientras tanto, trabajaba en variar lo que fue una seña de éxito en la anterior etapa del club. Planeaba volver a la defensa de cuatro y olvidarse de los tres centrales que Conte puso como ley y que tan buenos resultados había dado. Discutido por prensa y afición, el técnico italiano fue implantando nuevas disposiciones paulatinamente.
Igual de lento que iba adaptando el equipo a un nuevo estilo, se iba cociendo el Scudetto. Ningún equipo en Italia podía parar a los de Allegri y ya desde el final de la primera vuelta se podía oler como acabaría la liga: tal como está a día de hoy. Pero la agradable sorpresa para los tifosi fue la gran eliminatoria que disputó su squadra frente el Dortmund. Superó con cierta facilidad un escollo que, aun el mal rendimiento de los de Klopp por entonces, se asemejaba un escalón demasiado alto para los italianos. Y no contentos con eso, y gracias a un afable sorteo, la Juve se ha plantado en semifinales tras eliminar al Mónaco con lo justo y necesario, jugando como un equipo italiano sabe jugar. A parte de eso, los diferentes ensamblajes que componían la plantilla empezaban a funcionar como maquinaria suiza: Tévez se ha mantenido como Cappo Canioneri casi toda la temporada y junto con la irrupción de Morata ha hecho que el ataque de la Juve haya mejorado notablemente; a parte, Allegri ahora puede jugar tanto con tres como con cuatro defensas según le convenga con el mismo rendimiento de sus hombres, se pudo ver en la eliminatoria frente al Mónaco.

Tévez y Allegri: dos piezas claves en la gran temporada juventina


¿Quien iba a decir que la Juve de Allegri superaría a la de Conte? Cuando todo eran señas de pesimismo y de retroceso a principios de temporada, a día de hoy la Juventus sueña con el triplete. Massimilliano ha sabido adaptar lo bueno de la filosofía del ahora seleccionador de Italia y juntarlo con nuevos aspectos que ha ido creando en su cabeza, de la cual antes nadie confiaba. Es verdad que son el cordero en la manada de lobos que aun sigue andando por Europa, y que con Pogba aún lesionado sus posibilidades de dar la sorpresa en el viejo continente se reducen mucho. Pero, si no pueden soñar hoy, ¿cuando lo harán? Pues aunque por ahora no se está observando, parece evidente que la dinámica en la que está entrando el futbol italiano acabara arrastrando a la Juve hacía la mediocridad y la alejará de las posiciones altas en los torneos internacionales, y al final, será inevitable que Pogba y demás acaben encontrando salida tarde o temprano. Hoy tienen la posibilidad de disputar una semifinal de Liga de Campeones, algo que no hacían des de 2003, y aunque sus armas se queden pequeñas frente a las de sus rivales, Barça, Bayern y Madrid deberán evitar relajarse frente un equipo que llega con los ojos puestos solo en la Champions y que ha hecho de la garra y la seguridad defensiva sus mejores virtudes. Un hueso duro de roer para los lobos y que a alguno se le puede atragantar.

Con el trabajo hecho, ha llegado el momento de soñar para la Juve.

martes, 20 de enero de 2015

¿UN NUEVO MAGNATE?

El Inter de Milán, un equipo top, se apuntó a la moda de los magnates. Igual que Chelsea, City o PSG, el equipo ha recalado en manos de un empresario, en este caso indonesio, llamado Erick Thotir, al cual Massimo Moratti, presidente durante 18 años del equipo lombardo le vendió el 70% de las participaciones del club y por tanto le cedió su puesto de presidente. Todo esto pasó en 2013. Año y medio después, el Inter sigue deambulando sin rumbo, como su vecino rossonero, por la tabla de la Serie A. Aunque hay que reconocer que en este mercado de invierno el conjunto se ha reforzado con un par de nombres que producen cierta ilusión en sus tifosi. De acuerdo, no son estrellas mundiales, no se llaman Messi ni Cristiano, pero tanto Podoslki como Shaqiri son jugadores interesantes que llegan a un calcio que necesita aires frescos. Entonces la pregunta es, ¿puede el Inter llegar a ser el nuevo Chelsea, el nuevo City o el nuevo PSG?
Lo primero que hay que ver es que la fortuna personal de Thotir, unos 850 millones de euros, queda lejos de la de magnates como Abramovich, 10.200 millones, o la del jeque Mansour bin Zayed, propietario del Manchester City, que asciende a los 16.000 millones de euros. Pero, aun así, Thotir ha recalcado que quiere invertir una importante cantidad de dinero, llegando a interesarse en la construcción de un nuevo estadio, cosa que parece difícil ya, con la confirmación del Milan de hacerlo ellos y abandonar San Siro, hasta ahora el campo compartido por los dos equipos.
Lo que está claro, es que el Inter ahora no puede fichar a estrellas mundiales, no es su negocio. La faena de Erick es conseguir traer jugadores de nivel alto y que rindan en el campo. Podolski y Shaqiri lo son. Sobretodo el suizo, mucho más joven y con un gran talento. A partir de ahí, deben empezar a  alcanzar objetivos gradualmente como volver a Champions, que sea frecuente su presencia en el bombo de octavos de dicha competición, poder competir la Serie A con una Juve que parece que ha tocado el punto álgido de su proyecto y que ahora solo puede empeorar (factor que deben aprovechar los neroazzurros) y en definitiva, volver a la élite de la que se fueron a la vez que Mourinho dejó su puesto en el banquillo allá en 2010.
Por tanto, el equipo lombardo debe tener como modelo el Chelsea, es decir un proyecto a largo plazo. Ir montando un equipo con cabeza y no a base de talonario. No puede pensar en ganar en Europa el año que viene, pero si se debe exigir volver a tener importancia en Italia. La llegada de un viejo conocido como es Mancini puede ser el primer paso hacia ello. 
Es difícil que el Inter llegue al nivel de City, Chelsea o PSG en un corto plazo de tiempo, e incluso en un periodo largo a causa de las grandes inversiones de dichos equipos, pero la llegada del magnate indonesio puede y debe  ser un impulso para que como mínimo el equipo recupere el pedigrí que ha tenido siempre y que confío en que volverán a tener.

Shaqiri debe ser la pieza clave en la recomposición del Inter.

martes, 9 de diciembre de 2014

EL BENEFICIO DE LA DUDA

"Yo no vine por las asistencias. Yo vine por los goles." Curiosa frase viendo de la boca que sale. De un hombre que lleva 0 goles en 6 partidos ligueros. Y a la vez un hombre que es delantero. Y a la vez que lleva 5 asistencias en dicha competición. Pero más curioso si cabe es la sensación que provoca tal jugador en el campo. En el campo y en la prensa. Porque sabiendo lo que conlleva leer un diario deportivo en este país, tanto de la capital como de Barcelona mismo, extraña que periodistas tanto de su bando como del contrario no le salten al cuello tratándose de él, del Bota de Oro de la temporada pasado, tratándose de Luís Suárez.
Pues se ve que la cosa no acaba aquí, que si ya es difícil evitar críticas por parte de los tabloides, también se salva de las que provienen de la siempre exigente e inconformista parroquia barcelonista, de las de la grada del Camp Nou. Y no solo eso, sino que recibe hasta halagos.
Algo tiene que hacer diferente este chico, cuando tantos jugadores se les ha pedido ese "rendimiento inmediato" que tanto está ahora de moda y a él, se le permita llevar una racha de más de 500 minutos sin marcar un gol, siendo titular, y seguir contando con la confianza del mister. Y más contando el precio al que vino, que no fue poco.
Sabiendo que la exigencia del barcelonismo seguro que sigue siendo la misma que se impacientaba y se irritaba con los errores de la ya famosa maldición de los diferentes nueves que han pasado por can Barça, solo me queda suponer que estas oportunidades extra que se le está dando son a causa de dos factores. El primero, sus números, los cuales han sido siempre sobresalientes y que a todos aquellos que le hayan visto jugar las últimas campañas con la camiseta del Liverpool les siguen impresionando. Y el segundo es su juego, los detalles que deja en el campo. Esa sensación que deja tras cada pase, tras cada jugada, tras cada partido, esa sensación de que su adaptación llegará, y que cada vez está más cerca. Cosa que con los anteriores delanteros no sucedía, Y es que cualquier persona en cualquier empleo necesita un periodo de adaptación, y parece que sin saber porque, le estamos dando todos al charrúa ese beneficio de la duda que nos negamos a dar a otros jugadores. Las sensaciones que transmite son diferentes a las que pudieron transmitir algunos de los malos fichajes que hizo el equipo blaugrana en años pasados, y todos lo notamos.
Allí está Luís, esperando cada partido para marcar gol. No lo oculta, sabe que su faena es esa, y por tanto sabe que no la está llevando a cabo. Eso no lo esconde, y eso le honra. Ahora, está ya deseando a que salga esa bola extra, que para él es cada partido que vuelve a jugar para demostrar todo lo que sabe hacer, para que esos números que tanto nos impresionan sigan creciendo para dejar de impresionar y empezar a ilusionar.
Luís Suárez tiene gol. Y tiene el beneficio de la duda.

lunes, 16 de diciembre de 2013

MIEDO CITIZEN.

Se temía lo peor. Y al final pasó. O para otros fue lo más deseado. En octavos de la UCL hay un montón de partidazos. Pero sin duda el que más destaca es la eliminatoria que enfrentará a Barça y Manchester City. El coco del bombo de los segundos le ha ido a tocar a los catalanes, que al contrario que el Madrid, parece que últimamente tienen el gafe en estos sorteos.
Hay que respetar mucho a este City. No temerlo, pero si respetarlo. El conjunto citizen tiene una de las mejores plantillas de Europa, y además de un gran once, puede presumir de tener reservas que en otros equipos serían titulares indiscutibles. Y si con eso no había suficiente, se puede decir que la plantilla del vecino pequeño de Manchester también posee un gran equilibrio si observamos las diferentes líneas del campo. Quizás la defensa sea el punto donde cojee un poco el equipo. Vincent Kompany, el capitán no acaba de encontrar un compañero fijo en el centro de la zaga en el que confiar. Aún así, laterales como Zabaleta o Kolarov hacen que quede una zaga muy robusta atrás y a la vez rápida y ofensiva por las bandas. Bajo palos, parece haberse creado una pequeña disputa tras unos malos partidos de Joe Hart, Pantillimon ha jugado los últimos encuentros. Aún así, el inglés es un gran portero y mayoritariamente fiable.
De medio campo hacia arriba la plantilla es un escándalo. Con interiores como Touré o Fernandinho que llegan en un gran estado de forma ahora (los dos fueron protagonistas en el partido contra el Arsenal) la fuerza en el medio está asegurada. La mágia de Silva, Nasri, Milner, Navas y como no Agüero son el arma más peligrosa del conjunto citizen. El argentino, que se ha alzado como líder natural del equipo está respondiendo a las expectativas de la temporada y ya lleva 13 tantos en la competición doméstica. Aunque sufrió una lesión en el gemelo el pasado sábado, es el peligro más claro que tiene el equipo. Y si no fuera suficiente con esta delantera cinco estrellas, el City presume de tener dos nueves puros, dos killers, dos goleadores natos como son Dzeko y Negredo. Este último con un hambre de gol desde que llegó a la premier que le ha catapultado a parecer el delantero favorito para el Mundial con la roja.
Pero siendo realistas, ¿qué tiene el City de nuevo? Son ya unos 5 años desde que el negocio del petrodolar se instaló en la ciudad británica y el equipo nunca ha cuajado una participación ni siquiera aceptable
en competiciones europeas. Las estrellas las ha tenido estos últimos años, ¿qué es lo que ha cambiado? Pues se llama Manuel Pellegrini. El ex-entrenador de Málaga, Madrid o Villarreal llega al Reino Unido con las mismas intenciones que le hicieron triunfar en España. La pasividad del City de Mancini empieza a desaparecer poco a poco, y tras un inicio de liga un poco inestable (como casi todos los equipos de la Premier), el equipo está a tres puntos del líder y viene encadenando resultados como un 6-0 al Tottenham, un 6-3 al Arsenal o un 3-2 al Bayern, que casi le cuesta un susto a Pep.
Arrolladores en casa, y quizás demasiado especulativos en algún momento cuando juegan a domicilio, la eliminatoria parece muy igualada, posiblemente se decida por pequeños detalles.
Aún así, que ningún culé tenga miedo al equipo inglés. Sólo respeto. Ellos son los que han quedado segundos y vienen a intentar darle la sorpresa a un equipo ya hecho que lleva nada más y nada menos que 6 años seguidos llegando a semifinales de la Champions. El miedo, que lo tengan ellos, porque sino, los azulgranas podrían salir al campo un paso por detrás ya de inicio y acabar llevándose un chasco bastante grande.
Kun y compañía. ¿Se revalorizará el petrodólar?