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martes, 20 de enero de 2015

¿UN NUEVO MAGNATE?

El Inter de Milán, un equipo top, se apuntó a la moda de los magnates. Igual que Chelsea, City o PSG, el equipo ha recalado en manos de un empresario, en este caso indonesio, llamado Erick Thotir, al cual Massimo Moratti, presidente durante 18 años del equipo lombardo le vendió el 70% de las participaciones del club y por tanto le cedió su puesto de presidente. Todo esto pasó en 2013. Año y medio después, el Inter sigue deambulando sin rumbo, como su vecino rossonero, por la tabla de la Serie A. Aunque hay que reconocer que en este mercado de invierno el conjunto se ha reforzado con un par de nombres que producen cierta ilusión en sus tifosi. De acuerdo, no son estrellas mundiales, no se llaman Messi ni Cristiano, pero tanto Podoslki como Shaqiri son jugadores interesantes que llegan a un calcio que necesita aires frescos. Entonces la pregunta es, ¿puede el Inter llegar a ser el nuevo Chelsea, el nuevo City o el nuevo PSG?
Lo primero que hay que ver es que la fortuna personal de Thotir, unos 850 millones de euros, queda lejos de la de magnates como Abramovich, 10.200 millones, o la del jeque Mansour bin Zayed, propietario del Manchester City, que asciende a los 16.000 millones de euros. Pero, aun así, Thotir ha recalcado que quiere invertir una importante cantidad de dinero, llegando a interesarse en la construcción de un nuevo estadio, cosa que parece difícil ya, con la confirmación del Milan de hacerlo ellos y abandonar San Siro, hasta ahora el campo compartido por los dos equipos.
Lo que está claro, es que el Inter ahora no puede fichar a estrellas mundiales, no es su negocio. La faena de Erick es conseguir traer jugadores de nivel alto y que rindan en el campo. Podolski y Shaqiri lo son. Sobretodo el suizo, mucho más joven y con un gran talento. A partir de ahí, deben empezar a  alcanzar objetivos gradualmente como volver a Champions, que sea frecuente su presencia en el bombo de octavos de dicha competición, poder competir la Serie A con una Juve que parece que ha tocado el punto álgido de su proyecto y que ahora solo puede empeorar (factor que deben aprovechar los neroazzurros) y en definitiva, volver a la élite de la que se fueron a la vez que Mourinho dejó su puesto en el banquillo allá en 2010.
Por tanto, el equipo lombardo debe tener como modelo el Chelsea, es decir un proyecto a largo plazo. Ir montando un equipo con cabeza y no a base de talonario. No puede pensar en ganar en Europa el año que viene, pero si se debe exigir volver a tener importancia en Italia. La llegada de un viejo conocido como es Mancini puede ser el primer paso hacia ello. 
Es difícil que el Inter llegue al nivel de City, Chelsea o PSG en un corto plazo de tiempo, e incluso en un periodo largo a causa de las grandes inversiones de dichos equipos, pero la llegada del magnate indonesio puede y debe  ser un impulso para que como mínimo el equipo recupere el pedigrí que ha tenido siempre y que confío en que volverán a tener.

Shaqiri debe ser la pieza clave en la recomposición del Inter.

jueves, 27 de noviembre de 2014

GAME OVER MARIO

Tal como el que juega a una recreativa, por pura diversión, la cosa está entretenida hasta que se te acaban las monedas. Hasta que se te acaba el crédito. Y hoy, Mario, mi amigo Mario Balotelli, estás jugando tu última moneda.
Casi lo primero que supimos de ti fue que tiraste la camiseta de tu equipo al suelo, con 20 años, en el Inter de Mou. No tardaste en ganarte la etiqueta de bad boy, queriendo llegar a la altura de Cantona, o de Gascoine, no lo sé. Y es que las cosas en el equipo neroazzurro no fueron bien. Normal, si contamos con que te declaraste tifosi del Milán jugando en el eterno rival. Quizás no fue la mejor carta de presentación. Buscaste suerte en Inglaterra, tu talento abrió puertas y llegaste al City donde preguntaste, nos pregustaste "Why always me?" y tu entrenador, que venía del mismo lugar de donde querías escapar, te respondió que tú eras el único que llegaste a las manos con él. Las escenas que montabas daban la vuelta al mundo superando la velocidad del sonido. En todos sitios ya te conocían, ya estabas en el club de los malos. Pero tu talento te salvaba y llegaste hasta la azzurra. Allí, en 2012, nos mostraste quién eras, barriendo tú solo a la poderosa Alemania y nos regalaste una postal con tus lágrimas tras perder en la final. 
Parecía que todo iba a arreglarse, que las turbulencias iban a acabar. Y para rematarlo, se interesó por ti el club de tu vida, el AC Milan. Llegaba tu hora. Te tenías que convertir en el líder del equipo rossonero, de un equipo que posiblemente no era el que admiraste cuando eras niño. Quedaba en un mediocre suspiro, un triste recuerdo del Milan que atemorizaba Europa. No eras y no fuiste el líder que necesitaba el equipo y el proyecto fracasó.
Y llegó el verano, y volviste a cambiar de equipo, ya a nadie le sorprendió. Tras tu gris paso por el Mundial, llegaste a Liverpool como un parche, un fichaje para crear una falsa ilusión a una afición que esperaba un león y recibió un perro que solo ladraba. Tu currículum, abrumado por la inestabilidad, no apetecía en el club Red. Casi te trataron como una sobra del mercado, la última oferta, la prenda de ropa con tara, con tu carácter como problema, que se vende y que no convence. Y esta vez tu talento no te salvó. La sombra alargada del último bota de oro te dejó en la penumbra, el equipo buscaba en ti un bote salvavidas para seguir ascendiendo y se encontró a un peso muerto que los hundió más. La gente ya no se cree la historia de que Balotelli cambiará. Hoy te encuentras en el decimocuarto equipo de la Premier, sin ningún gol en liga, triste y sin credenciales.
Pero no todo es culpa tuya. El Liverpool pasó un último curso inolvidable, que lleno de ilusión a los hooligans de la ciudad de los Beatles. Ahora todo es un recuerdo, que se difumina en un resbalón que tuvo el capitán, el sueño se fue al suelo a la vez que Gerrard. Y con la inevitable marcha de Suárez y la mala gestión del mercado, el equipo vuelve a recordar al conjunto mediocre que vagaba por la Premier sin rumbo y que cada vez se aleja más en el tiempo de un tal Rafa Benítez.
En conclusión, el crédito se acaba, la confianza desaparece y los resultados no se acercan a los deseados. Se acabó la partida. Game Over Mario. Y casi por arrastre, Game Over Liverpool. Solo me queda invocar a Anfield y a cuatro letras que más de un milagro han llevado a cabo ya: YNWA.
Se le está acabando el crédito a Mario.