domingo, 6 de marzo de 2016

DIARIO: SOPLANDO POMPAS EN BOLEYN GROUND

No había pisado aún la calle esa mañana, pero desde dentro de la habitación ya sabía que nos íbamos a encontrar: estamos en Londres, así que cuando abandonamos el hotel el cielo estaba plagado de nubes grises y soplaba un viento gélido que avisaba del frío que iba a hacer durante el día. Después de un buen desayuno, sin más dilación, mis compañeros y yo pusimos rumbo a nuestro destino, que no era otro que Boleyn Ground, el mítico estadio del West Ham, el equipo del este de Londres.
Era temprano. El saque inicial estaba previsto para las 12:45 hora local, y nosotros nos dirigíamos hacía el metro pasadas las diez con la intención de aprovechar la mañana por los aledaños de Upton Park y observar el ambiente. Al campo, que está en las afueras de la ciudad, se llega a través de la línea rosa del “tube” bajando en la parada bautizada como el propio barrio: Upton Park. Ya en el metro nos arrepentíamos de ir tan temprano, pues no veíamos a nadie con los colores del equipo local en nuestro vagón. Pero ya era demasiado tarde para volver hacia atrás. Cambiamos de opinión al bajar. Del mismo convoy bajaron decenas de personas con pequeños detalles de granate y azul bajo la ropa de abrigo que requería el día. Estábamos en el sitio perfecto a la hora perfecta.


Aledaños del estadio
Al pisar la calle confirmamos lo que minutos antes sospechábamos. Miles de fans ya estaban en el barrio esperando la hora del partido. El paisaje era sino más curioso: obviamente en las afueras de Londres el barrio era bastante sencillo, combinando las típicas casas británicas con algunos comercios y bares, en los que destacaban ciertos establecimientos de comida rápida con pinta de antiguos con increíbles colas de gente para llevarse algo a la boca antes del encuentro, dejando en ridículo los puestos de las grandes cadenas de fast-food que también daban acto de presencia. Andando un poco más vemos el primer pub lleno de lo que parecen ser hooligans, o como mínimo fans apasionados por los Hammers, con su pinta en la mano. En la puerta se puede leer en letras bien grandes “NO AWAY SUPPORTERS, PLEASE”, cosa que nos deja claras algunas ideas y que al final hace que no demos cuenta que estamos paseando por la mítica Green Street, que da nombre al film “Green Street Hooligans”, un largometraje con buena crítica que habla sobre el mundo hooligan en el nuevo futbol inglés. Seguimos avanzando y al levantar la cabeza, entre los edificios, lo vemos. Observamos la parte más alta de la tribuna del estadio donde se puede leer West Ham United. Imagen para postal.


Detalle de Boleyn Ground desde la calle

Primera vista de Boleyn Ground
Giramos la esquina y nos enfrentamos a la tribuna, la entrada principal del estadio, presidida por dos especies de torres medievales, tales como las del escudo del club que se erigen entre la antigua fachada de la construcción. Impone. Posiblemente no sea el estadio más grande ni el más espectacular que hayamos visto nunca, pero visto desde nuestra perspectiva impone. Y más si pensamos en que fue construido en 1904. Este es el último año que los irons jugarán en Upton Park, pues el traslado al Estadio Olímpico se realizará en verano. Antes de llegar, pero nos encontramos con las puertas abiertas del recinto llenas literalmente de camisetas, flores y bufandas en honor al mito del club: esa semana hacía veintitrés años que el gran Bobby Moore fallecía. Para los aficionados hammers el jugador inglés es una referencia en el club y en la selección, de hecho, no tiene posible comparación con ningún otro jugador que haya vestido los colores del West Ham. Jugador y capitán durante veinte años del club y capitán de la selección inglesa que ganó su único mundial en 1966, hablar del central allí es hablar de una leyenda, pues incluso posteriormente veríamos una estatua suya cercana al estadio. Tras esto, rodeamos las instalaciones para vivir el ambiente cada vez más cargado de los aledaños. Puestecitos donde compramos bufandas y alguna que otra cosa para picar a causa de la intempestiva hora del partido visto desde horario español. Tendremos hambre al acabar, seguro.


Panorámica del estadio desde su entrada

Detalles en tributo a Bobby Moore
Nos adentramos hacía el campo. La tienda del club está llena. La gente compra bufandas y camisetas de Moore para posteriormente colgarlas en las puertas de las que hablaba anteriormente. Estamos a un paso de entrar. Nos dirigimos a los tornos para encontrarnos ya en las entrañas de las instalaciones, donde realmente se observa la avanzada edad de Boleyn Ground. El cambio de sede es, aunque doloroso y nostálgico, necesario. Seguidamente, no lo dudamos ni un momento, nos asomamos por la primera puerta que da al césped y quedamos impresionados. El campo está vacío aun, música rock británica de los setenta suena por megafonía mientras Manonne, portero del Sunderland, el equipo que se enfrentará hoy a los locales, ataja algunos tiros cerca nuestro. Estamos detrás de la portería, la tribuna, mucha más alta que el resto de gradas, nos cae a nuestra derecha. El hecho de que el campo sea asimétrico le da ese toque romántico que se busca en un partido de futbol inglés. Y aunque es impresionante la sensación de estar ante un campo centenario, el frio acecha y necesitamos entrar en calor con alguna bebida, que aunque le falte cierta lógica a la idea, acabaría siendo cerveza. Algunas líneas por el suelo nos indican la prohibición de entrar con bebidas alcohólicas a la grada, una medida bastante absurda si uno se para a pensar, pero que obviamente acatamos. Así pues, junto a otros fans bebemos nuestra pinta en los pasillos interiores.
A menos de una hora para el partido, buscamos nuestros asientos: primera gradería, en un gol, pero relativamente lejos del césped. Uno de nosotros comenta “cuando empiece, si vemos que hay sitio, nos acercamos delante”. Pobres ilusos, nosotros. Aunque en el fondo, teníamos ciertas razones para creer en esa posibilidad, pues mientras el tiempo pasaba y nosotros nos sacábamos las respectivas fotos para inmortalizar el día, las gradas seguían sin mostrar un aspecto mínimamente digno. No sería hasta diez minutos antes del encuentro que, casi automáticamente, las gradas se llenarían para hacer imposible ni siquiera encontrar un sitio libre en casi todo el campo. Nos tocará conformarnos con nuestros asientos.


El césped a una hora de empezar el choque

El césped a escasos segundo de que arrancase el encuentro
Saltan los jugadores al campo y la magia de Boleyn Ground pasa a la acción. Desde la tribuna empieza a salir una ráfaga de pompas que el fuerte viento hace bailar a una vertiginosa velocidad por encima del césped, cuando de repente empieza a sonar el mítico “Forever blowin’ bubbles”, himno de los Hammers. Todo el mundo lo canta, de pie. Llega las últimas estrofas y la megafonía calla para dejar solo a la afición. Posiblemente el momento más épico del viaje. Todo acaba con unos gritos de “¡United! ¡United!” intercalados con unas palmadas. El partido va a empezar, pero la gente no se sienta. No nos lo creíamos ¿De verdad íbamos a pasar los noventa minutos de pie? Pues así fue. Los dos goles permanecen levantados todo el encuentro, así que si queríamos ver algo, debíamos hacer lo mismo.
Futbolísticamente hablando, se trataba de un partido sin mucha importancia: el West Ham recibía a un Sunderland en la parte baja de la tabla mientras ellos trataban de luchar por el sueño europeo. Se podía destacar la aparición de Manuel Lanzini en el XI de los locales, que volvía tras varias semanas de baja o el retorno de Sam Allardyce “Big Sam” a la que fue su casa en años anteriores, pero realmente, hoy el aficionado del West Ham si va al campo es para disfrutar de su jugador franquicia: Dimitri Payet. No se tardó ni dos minutos a que la grada coreará su nombre en forma de astuto cántico gritando “We’ve got Payet” y comparándolo con el mismísimo Zidane. Aunque es verdad que la grada cantó en varios momentos, los instantes de silencio dominaron. El aficionado inglés, en contra de lo que la gente piensa, es muy de, en ciertos momentos, callar y observar el partido. Pero eso sí, no cuando el equipo le necesita.


Panorámica durante el partido
Tras un palo de Noble, el gol del West Ham no tardaría en llegar: Michail Antonio trazaría una jugada genial que sentenciaría con un balón a la cepa del poste a la que Manonne ni trató de llegar. El gol se vivió a lo grande en todo el campo. Al descanso ya, el club homenajeó al ya mencionado anteriormente Bobby Moore con su familia y sus compañeros de equipo en el campo recitando unas palabras y acompañados de una fuerte ovación del público al que siempre será su capitán. El segundo tiempo, aunque sin goles, fue realmente entretenido, pues el Sunderland tuvo diversas ocasiones claras de gol que solucionó un genial Adrián y los irons también tuvieron buenas oportunidades para sentenciar el partido, así que los nervios duraron hasta que Mike Dean señaló el final, confirmando que los tres puntos se quedaban en casa.
Tras el partido, decidimos esperar que la muchedumbre abandonara el estadio tras el pitido final para echarnos las últimas fotos. Al despejarse la grada encontramos a un grupo de seguidores con una pancarta gigante en la cual se leía “BARCELONA HAMMERS” justo delante de nosotros. El mundo es un pañuelo, de verdad. También coincidimos con unos colegas de Jorge Molina, del Betis, que habían venido a ver jugar a Adrián, y con los que estuvimos charlando un rato hasta que la seguridad nos pidió que abandonáramos el campo.


Barcelona Hammers
Como era de esperar, las calles corrían todas en sentido a la boca del metro, que realmente estaba colapsada. Así que decidimos comer cerca del estadio para dejar que los aficionados Hammers se fueran tranquilos a sus casas. Comimos con vistas a Boleyn Ground, dejando atrás una buena mañana de futbol, más que por el propio deporte, por el ambiente de lo vivido, y por lo que significa en la historia del futbol inglés un campo como este, que el año que viene será derruido para dejar paso a la ciudad. Era la primera vez que estaba en el estadio, pero a la vez era una despedida. Algún día podré decir que yo vi un partido en un campo de más de cien años de historia. Algún día podré decir que estuve en Boleyn Ground.

viernes, 19 de febrero de 2016

ME GUSTA EL FUTBOL Y NO VEO EL CHIRINGUITO

Me gusta el fútbol. Sí, ¿qué pasa? Soy ese tipo de persona. Tengo esa afición. Soy de esos que no pueden quedar una tarde de sábado porque juega su equipo, y no es una excusa, de los que en las comidas familiares coge el mando y pone el partido, aunque su tía le mire mal, de esos que les repatea que les pregunten a que hora es el partido de Champions de esta noche. A las 20:45, joder, lo sabe hasta el perro.
Cada uno tiene sus pasiones, ¿no? A ti te gusta el cine o la música y a mí me gusta el fútbol. Veintidós tíos detrás de un balón lo será para ti, igual que para mí lo tuyo puede acabar siendo 180 minutos de interminables cambios de planos. Pero como sé que no lo es, y aunque lo fuera puedo entender que sea de tu agrado y por tanto, como no soy un cavernícola lo respetaré. Porque, mira por donde no, no soy un borrego por el simple hecho de que me guste un deporte de masas.
No sé cómo surgió este gusto por el deporte rey la verdad, porque en mi casa tampoco son muy futboleros. He llegado a la conclusión que debe ser mitad por culpa de los videojuegos de fútbol y la otra mitad de Ronaldinho. Mi madre no se enfadaba conmigo cuando miraba partidos con diez años, tampoco parece tan malo este hobby, pues. A todo esto añádele que he vivido en una época que ser del Barcelona era más fácil que nunca estos últimos años, y al final, todo cae por su propio peso. Te enganchas.

¿Por qué si veo un partido tengo que oír "siempre con el puto fútbol"?

Porque sí, me gusta mucho el fútbol, pero, lo siento, yo no veo el Chiringuito. Existe gente así, aunque no os lo creáis. No porque me guste el balompié grito sin camiseta cuando mi equipo marca, ni me caen mal los merengues y los pericos ni me subo en la barra del bar de Koki y me bebo un cubata de un trago, simplemente lo disfruto. Te equivocas en pensar que todo aquel que tiene el plus liga y el plus fútbol se comporta como los colaboradores de Pedrerol el día en que su conjunto gana al eterno rival. No hagas pagar justos por pecadores. ¿A que tu amas el cine pero tu película favorita no es Torrente 5?¿A que aunque te apasiona la música no has ido a ningún concierto de J. Balvin en tu vida? No parece tan difícil de entender con estos ejemplos. Con el fútbol pasa lo mismo. Existe un fútbol culto. Lee, infórmate, búscalo porque existe y a mucha gente le gusta. Se puede disfrutar de un partido sin parecer un borrego, la gente lo hace.
Estoy harto de que cierta gente vea en todos los amantes de este deporte unos fanáticos radicales. Quítate esa idea de la cabeza y para de repetir los mismos clichés de "tendría que darles vergüenza con lo que cobran" o "con la que está cayendo y lo que han pagado por tal jugador" porque igual que el fútbol mueve cantidades astronómicas y vergonzosas, también lo hace el mismo cine o el mundo de la música, y como amante del balompié, déjame poner en duda que cualquier película o canción te sepa mejor a ti que a un futbolero que su equipo gane una copa o consiga un ascenso. Incluso te podría llegar a decir, que el fútbol es algo mucho más noble que la mayoría de tus pasiones.

Para de decirme que "el fútbol es una tontería"

Ahora sí, comparto que puede no gustarte, como no. Faltaría más. Vete al cine el día del Madrid - Barça y pasa la sección de deportes del diario rápidamente, porque entiendo, que tal como está el país ahora, si no te gusta el deporte rey tienes que acabar hasta los mismísimos de toda la porquería de información que se da el día a día sobre esto. Porquería la información, porque lo es, pero no el deporte en sí. Pero por favor, déjame disfrutar a mi del fútbol, no me mires como a un borrego cuando estoy con un partido y, sobretodo, no me vuelvas a decir más eso de "veintidós tíos detrás de un balón". Así no, tú.

lunes, 8 de febrero de 2016

LA HISTORIA INTERMINABLE

Ya ha pasado más de una década desde que Wenger y los gunners no son campeones de esta maravillosa competición llamada Premier League. Queda ya lejos, en nuestra memoria, aquel equipo invencible lleno de jugones que reinó allá por 2004 en Inglaterra, y es que ya hace tiempo que eso de “The Invincibles” suena más a película taquillera de algún superhéroe de Marvel que a un equipo inglés de futbol, pues la liga ya no es lo que un día fue, y resulta improbable pasar una temporada sin conocer el amargo gusto de la derrota al menos, una vez.
Hace años que el Arsenal dejó de soñar con repetir esa increíble hazaña, su objetivo se ha vuelto mucho más pragmático: llegar al final de temporada en primera posición de la tabla. Y pasan las campañas y ya no solo los aficionados gunners, sino todo aquél que siga con un mínimo de atención la Premier se conoce la historia interminable de los londinenses: esas ilusiones de inicio de curso, ese bajón a mitad de temporada, y el último arreón cuando la gesta ya parece imposible. Cada año que pasa, Wenger repite su particular día de la marmota con la particular plaga de lesiones, la típica eliminación en Europa y algún resultado escandaloso que saca los colores al técnico francés y que acaba con voces preguntado cuando se acabara su etapa en el club.

Arsene Wenger durante su etapa, ha sido muchas veces cuestionado

Lo que hace especial esta temporada no es una simple casualidad, no. Lo que ha pasado este año en la Premier es una alineación de planetas jamás vista para que el Arsenal se haga con su tan preciado trofeo: el escalabroso año del Chelsea, la prolongada estancia de Van Gaal en Old Trafford y la campaña irregular del City han dejado a los gunners como el único “grande” (si es que se puede llamar así a algún equipo en Inglaterra hoy en día) con opciones al título. De hecho, hace menos de 3 semanas, eran líderes por delante incluso del fenómeno Leicester que hoy vuelve a ocupar la primera plaza, ya que el bajón del que hablamos anteriormente ha tenido su efecto en tres partidos sin conocer la victoria, incluso sin marcar ni un gol. Tras la victoria ante el Bournemouth por 0-2, cerraron la sangría, pero dejaron escapar una posición privilegiada, y ahora tendrán que afrontar la recta final de la campaña teniendo cinco puntos de desventaja con el líder.

El Arsenal chocó contra Foster en su encuentro contra el Southampton y dejó escapar dos puntos

Visto esto, ¿por qué creer que el equipo puede acabar con su historia interminable? Razones existen. Primero de todo, el Arsenal sigue en una situación ventajosa respecto al actual big-four, del cual algunos ya no optan ni a pelear por el trofeo, pero sobretodo es importante que se mantenga por encima del Manchester City, rival con el que a priori debería pelearse el título. Además, aunque se encuentra en tercera plaza, la experiencia de la plantilla gunner en la pelean por el campeonato frente a los rivales que tiene por delante les da cierta ventaja en finales ajustados, a parte del hecho de que posiblemente sean los de Wenger  aquellos que lleguen con mejor forma física y banquillo a las jornadas decisivas y que ganar en el Emirates siempre es más difícil que en White Hart Lane o en el King Power Stadium.
Pero si por un motivo el Arsenal debe ser el máximo aspirante a esta Premier es por la madurez que ha conseguido alcanzar Wenger en su plantilla. El equipo ha dejado de ser un club puente hacia el éxito para los jugadores para transformarse en el lugar donde grandes figuras vienen para ganar, como claro ejemplo Alexis y Özil, piezas claves y fundamentales de este Arsenal, que abandonaron clubes grandes y por los que la directiva hizo importantes esfuerzos económicos para liderar al conjunto hacia la victoria, y no como un escalón en su progreso personal como en los últimos años nos ha tenido acostumbrado Arsene, que fichaba promesas para que años más tarde se fugaran a clubes con más aspiraciones.

Özil ha dejado atrás su irregularidad esta campaña


Esta madurez de la que se habla debe ser el factor clave del Arsenal de hoy,  y con ella debe dar un golpe sobre la mesa para demostrar que está preparado para ganar la Premier y dejar atrás esta historia interminable del eterno aspirante al título que siempre se queda en las puertas. Esta es la temporada del Arsenal, la temporada de Wenger, y si la desaprovechan, puede ser que tengan que pasar muchos años para otra alineación de planetas como la de hoy en día.

domingo, 29 de noviembre de 2015

EL EQUIPO DEL PUEBLO

De clubes pequeños y modestos el mundo está lleno. Cada uno con su historia, con su hazaña, con su momento de gloria en el recuerdo de sus hinchas, pocos pero auténticos. Pero sobretodos estos clubs destaca uno, igual de modesto, igual de combativo e igual de trabajador. Apodados 'los piratas de Alemania', los hinchas del mítico Sankt Pauli FC pueden lucir orgullosos en sus camisetas el escudo de uno de los clubs más peculiares del mundo.
¿Qué debe pasar para que un club sencillo, creado en 1910 en la ciudad portuaria de Hamburgo y siempre bajo la sombra del equipo de la ciudad, el HSV, y que suele vagar entre segunda y tercera, pase a ser un club de culto con millones de fans en todo el globo terráqueo? Todo tiene una respuesta, y esa respuesta se encuentra en los años 80, cuando el club decidió mudarse acercando su estadio al muelle de St. Pauli, en pleno centro nocturno de la ciudad. El barrio de Sankt Pauli es la zona más joven de la ciudad alemana, se trata de uno de los barrios rojos más famosos de toda Europa, donde destaca la calle de Reeperbahn, conocida como "la calle del pecado" por su cantidad de bares, discotecas, burdeles y demás. Además, el barrio tiene fama de artístico y callejero: famosas bandas del rock como The Beatles o The Who tocaron en sus inicios en los garitos más concurridos de la ciudad.
No hay sitio para la homofobia, el racismo, el sexismo ni el racismo
Solo cuenta el amor
La llegada del club a la zona más gamberra de Hamburgo hace que muchos jóvenes hinchas del HSV, cansados con la ideología de derechas que mostraban los ultras del equipo, decidan dejar de acudir al estadio del equipo grande de la ciudad para reunirse en las calles de St.Pauli, donde solían juntarse con sus colegas, a apoyar al equipo del barrio mucho más humilde. A partir de aquí empezó todo, pues por si no lo sabías aún, el St Pauli FC goza de la fama de club obrero, de izquierdas. Declarado abiertamente antifascista, antisexita y antiracista, fue el primer club de toda Europa en prohibir cualquier simbología fascista en su estadio, justo en una época donde abundaban los ultras nazis en el mundo del balompié. 
Su fama de club de izquierdas y antifascista hicieron que su popularidad aumentara entre la cultura punk de toda Europa y la gente empezara a ver algo diferente en ese equipo, en un momento donde en los bandos radicales del fútbol solo aparecía todo lo relacionado con el fascismo y la extrema derecha. Aparecieron los primeros grupos ultras del conjunto alemán y rápidamente se empezó a asociar la "Jolly Roger", bandera pirata con una calavera y dos huesos cruzados sobre un fondo negro, a la imagen del equipo y la grada empezó a llenarse de calaveras pasando a ser un símbolo no oficial pero reconocido en todo el mundo del club.
Hinchas del Sankt Pauli con la "Jolly Roger"
Su hinchada también es reconocida por su gran labor social, la cual suele realizar diferentes actividades como recogida de ropa o de comida para los más necesitados. Incluso, este último año arrancaron una importante campaña en Alemania a favor de los refugiados de la guerra de Síria, llegando a disputar un partido solidario frente al Borussia Dortmund para recaudar fondos.
Obviamente, el club también tiene detractores, y grandes rivales por toda la geografía alemana. A parte, claro está, de su intensa rivalidad con el Hamburgo, al cual no le consideran de la ciudad ya que su estadio cae en las afueras, el archienemigo del St. Pauli es un equipo alemán llamado Hansa Rostock, conocido por sus grupos radicales nazis y de ultraderechas. La rivalidad es tal que en todos los encuentros de estos dos equipos hay incidentes antes, durante y después del partido entre los ultras. Su enemistad llega a tal punto que en 2009, en un partido entre estos dos conjuntos que ganaría el St. Pauli 0-2, el delantero alemán de origen kurdo Deniz Naki, celebró haciendo gestos de cortar el cuello a la afición del Hansa y clavando una bandera de su equipo tras marcar un gol.
Deniz Naki conquistando el DKB Arena del Hansa Rostock en 2009

Equipos pequeños hay muchos, millones, pero pocos pueden decir que son equipos obreros, tan concienciados como lo es el St, Pauli, aunque sí que hay, como por ejemplo aquí en España sería el Rayo Vallecano o en Italia el Livorno. Pero solo hay un club que pueda decir que es, por méritos propios, el equipo del pueblo, y ese es el Sankt Pauli FC. Está temporada son serios candidatos a ascender a la Bundesliga, colocados en la zona alta de la tabla, así que quizás el año que viene los Piratas del Elba surquen los mares de la máxima categoría alemana, y con ellos sus millones de hinchas que se reparten por todo el mundo.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

BUEN ROLLO

Hay buen rollo en Can Barça. Todo son sonrisas, cachondeo y felicidad. Cuatro al Madrid y seis a la Roma, y con un juego sublime que ha vuelto a enamorar a Europa. Messi se recupera de su lesión, el tridente marca, Iniesta vuelve a ser un chaval, con alopecia, pero un chaval, Sergi Roberto ha cogido más confianza que la que tiene Ter Stegen en su juego de pies y seguro que el pobre Munir, que no marca ni al arco iris, se habrá encontrado 20€ en el bolsillo de alguna chaqueta antigua. Joder, que suerte y qué bien va todo en Barcelona, ¿no?
Pues sí, para que negarlo. "Momento dulce", que dice Luis Enrique. Su actitud es la correcta y no la de los medios catalanes. "El halago debilita" decía el asturiano después del partido del Bernabéu, y razón no le falta. Sino que le pregunten a Carletto tras el Mundialito de Clubs. En menos de seis meses del todo a la ¿nada? Y viceversa el Barça, que en Anoeta tocaba fondo cuestionando a Luis Enroque y dejando a Messi con un pie fuera del Barça a final de temporada. ¡Ah! Y la grada gritando "Bartu dimissió", cómo no. ¿Les suena de algo esta situación? Algo les viene con Benítez, Ronaldo y Florentino, ¿no? Todo lo que sea alagos por encima de la realidad, y la creación de expectativas demasiadas altas son negativas para el equipo
Y aquí estamos los culés, poniéndonos cachondos con cada virguería de la MSN, aplaudiendo a Lucho, y con el mismo presidente, esta vez electo, en el palco. Así que calma y pies en el suelo, señores, que en menos tiempo se ha perdido más. Que porque hoy veamos en línea ascendente al equipo, no quiere decir que sea así hasta junio,quizás esta recta vista desde lejos es una curva, y en esos momentos también habrá que estar con el equipo.
Justo el año pasado escribía tras el primer Clásico (3-1 para los merengues) una entrada hablando de lo mismo, pero al revés. Con un Barça en horas bajas y un Madrid imperial que avanzaba hacia su récord de 22 victorias seguidas. Ya saben como acaba la historia. El fútbol es solo un estado de ánimo, y uno no siempre está de buen rollo, ni siempre está enfadado.

Messi, Suárez, Piqué y el buen rollo

domingo, 8 de noviembre de 2015

DEPAY, EL PESO DEL 7

Hay camisetas que pesan más que las demás. Enfundárselas acarrea asumir una responsabilidad que no cualquier jugador puede soportar, y una de estas elásticas es el dorsal ‘7’ del Manchester United. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: Best, Cantona,  Beckham, Ronaldo. Con cuatro nombres se puede entender que cualquier aficionado con asiento en Stretford End espere del jugador que lleva ese número a la espalda algo más de lo habitual.
Pero desde que Cristiano abandonara los regazos de Sir Alex Ferguson rumbo a Madrid, no sin antes tocar el cielo futbolístico, allá por 2009, los red devils carecen de un ‘7’ con carisma. Parecía desvanecerse esa cadena de jugadores mágicos y de alumnos que heredan la responsabilidad de sus maestros ese mismo año. Owen, Valencia o Nani fueron efímeros jugadores que nunca tuvieron tal rol, ni tampoco se esperaba que lo hicieran. Así pues, la fiebre por tal hecho, desapareció dejando en mera anécdota aquella serie de nombres. Pero en 2014, la llegada de Ángel Di María a Old Trafford abrió otra vez los recuerdos de aquellas leyendas y creó una especial expectación poniéndole la etiqueta de salvador tras la desastrosa campaña con Moyes.

La leyenda del '7'


Todos sabemos cómo acabó. Di María no supo adaptarse al juego de la Premier y hoy en día se encuentra en las filas del PSG, pero ya antes que el fideo cambiara de aires, los mandamases de United se encargaron de fichar a la joven estrella holandesa del PSV, Memphis Depay. Al principio de temporada, como si fuera un simple deja-vú, el holandés se vistió con el siete y se volvieron a crear unas expectativas sobre la futura importancia del extremo oranje dentro del equipo y, realmente, Memphis supo demostrar en los primeros encuentros del curso de lo que era capaz. Casi igual que hizo Ángel un año antes, a inicio de temporada, Depay era un titular indiscutible y dejaba joyas mientras los aficionados se frotaban las manos divisando lo que podía ocurrir con el holandés en el equipo. Recuerden sino la fantástica noche europea en la previa de la Champions frente al Brujas con dos goles y una asistencia del nuevo ‘7’.
Pero tras varios partidos, el efecto Depay parecía desvanecerse a cada minuto que el United pasaba sobre el campo. Gestos de falta de actitud, inadaptación al juego, poca participación y sobretodo falta de gol. El mismo aficionado que fantaseaba con todo lo que le podía aportar tal jugador miraba escéptico el caminar desganado por el campo del que debía ser la pieza fundamental de su equipo, hecho aterrador al parecerse a lo que un año antes pasó con Di María. Además, la confianza de Van Gaal no es eterna ni mucho menos, y cuando las malas actuaciones aparecieron, el duro de Louis no tuvo piedad con su compatriota y empezó a sustituirlo por chavales jóvenes como Martial o Lingard.

Memphis con el número siete
A día de hoy, Depay ya no es ni titular. Este fin de semana ha acumulado ya el tercer partido sin salir en el once inicial, subordinado a un chaval de la cantera que a principios de temporada no apuntaba ni a tener minutos: Jesse Lingard. Posiblemente, y viendo la tendencia del rendimiento de Memphis, se puede acusar al club de realizar otro mal fichaje, uno de tantos. Pero realmente, el traspaso de Depay no fue una mala inversión, pues el chico tiene sin ningún tipo de dudas las cualidades para triunfar en el equipo y hacer historia, pero su lastrante actitud vista en los campos, hacen que el culpable de esta situación solo sea él.
Memphis Depay, de prometedora estrella y futuro líder del equipo, a un simple actor secundario que entra desde el banquillo como revolucionario, o simplemente ni eso. El peso del ‘7’ está hundiendo al holandés y Van Gaal está dejando de concederle ocasiones ¿Se avecina un nuevo fracaso como el de Di María? Es triste, pero eso parece, y más con la ideología de Louis, que ha demostrado durante la temporada pasada que no le importan los galones de los jugadores y que la titularidad es para aquellos que rinden.
Sábado, en el aburrido y paupérrimo partido del Manchester United frente al West Brom, el chaval Lingard abrió la lata con un gol que parecía haber estado diseñado para que Depay lo ejecutase, y gracias a él, los red devils volvieron a salir airosos de otro partido de juego bochornoso y lento. Van Gaal sigue teniendo mucha faena por delante para encontrar la tecla que haga del United un equipo arrollador, y si ve que Memphis no le puede ayudar a conseguirlo no dudará en dejarle sin minutos, y con Louis ya se sabe, muchas veces cuando desaprovechas tu oportunidad nunca la vuelves a tener. Quién sabe si la temporada que viene veremos a la chiquillada de Manchester vestida de rojo con el nombre de su nuevo ídolo ‘Lingard’ escrito encima de un majestuoso ‘7’ blanco.

Memphis Depay, desesperado

domingo, 25 de octubre de 2015

A LA GRAVILLA (2ª parte)

Hace ya casi dos años que escribí una entrada hablando sobre motociclismo titulada "A LA GRAVILLA". Por entonces, Marc, Dani y Jorge luchaban por el Mundial y en la carrera de ese fin de semana Márquez tocó a Pedrosa haciendo que este fuera al suelo tras una maniobra arriesgada del que posteriormente sería campeón del mundo ese mismo año. Tanto Dani como Jorge criticaron duramente la actitud del piloto de Cervera, y yo me añadí a ellos, ya no por el hecho de que Pedrosa se dejó las opciones de ser campeón en esa acción sino por el peligro que supone para los mismos pilotos el hecho de caerse de la moto a ciertas velocidades, que es lo que realmente importa.
El motociclismo es un deporte de riesgo sin ningún tipo de duda. Siempre que lo comparemos con la Formula 1, nos daremos cuenta del peligro al que están expuestos los pilotos en cada una de las curvas.
Hoy Valentino Rossi ha tirado deliberadamente a Marc Márquez, cosa que solo había visto en la famosa lucha de Melandri y Alzamora años atrás, y de eso no hay duda, como tampoco hay duda de que la leyenda del italiano quedará manchada por este incidente, pero ya no por el hecho del comportamiento totalmente anti-deportivo que ha mostrado el italiano sin ninguna posible excusa, ni de la falta de arrepentimiento posterior que ha mostrado Vale, sino porque hoy Rossi ha puesto en peligro la vida de un compañero de profesión de forma intencionada. Y lo ha hecho en el mismo circuito que unos años antes él y todos los aficionados a este deporte lloramos la trágica muerte de Marco Simoncelli. Valentino hoy ha cometido un grave error, y debería mostrar arrepentimiento por ello.
Me duele mucho haber de escribir estas lineas que dejan a una persona que tanto admiraba, y que realmente aun admiro por todo lo que ha demostrado sobre la pista tantos años, pero el comportamiento de Rossi en Sepang simplemente es inaceptable y por eso espero que 'il Dottore' recapacite y pida perdón por el error que ha cometido, pues es la única salida digna que le queda al que siempre será el mejor piloto de motociclismo de la historia.



Rossi y Marquez

Os dejo aquí el link del primer post (la supuesta primera parte de "A LA GRAVILLA", escrita el 14 de octubre de 2013 en este mismo blog): http://9puro.blogspot.com.es/2013/10/a-la-gravilla.html

jueves, 22 de octubre de 2015

IDEAS Y LÍDERES

El capitán debe ser el último en abandonar el barco, pero nadie nos habla de cuando tiene que subirse. Supongamos que es porque es algo lógico que el primero de abordo sea el primero, valga la redundancia, en llegar a la embarcación. Algunos que se creen más listos que nadie quieren empezar a construir la casa por el tejado y quieren que su casa sea la más alta del vecindario y como en tantos casos, en el fútbol, que acaba siendo un reflejo de la vida, esto también sucede .
Esa lógica de la que antes hablábamos queda difuminada cuando lo que hay que manejar ya no surca por los mares y sí lo hace por los terrenos de juego. Los equipos de fútbol deben tener un capitán, y no aquél que lleve el brazalete. Hablo de un líder. Hablo de un entrenador. De un buen entrenador en la medida de lo posible. Estamos hartos de ver proyectos de clubes tanto grandes como pequeños que se derrumban porque llenaron de nombres el césped pero no dedicaron suficiente tiempo a pensar quien los dirigiría.
El caso más reciente se vive en Inglaterra. El Liverpool, mítico entre míticos, se venía hundiendo poco a poco desde la marcha de Benítez, y solo remolcado por nombres como Suárez o Gerrard en momentos puntuales. Por el banquillo de Anfield pasaron Hodson, Daglish y Rodgers y podrían haber pasado tantos más sin dar con la tecla porque nunca se le puso prioridad a la búsqueda de mister antes que a la de jugadores. Se contrata a entrenadores parche y obviamente no llegan a solucionar el problema porque no encuentran, ni siquiera buscan, la raíz. Pero al fin, parece que la directiva de los reds ha abierto los ojos y ha movido tierra y aire para traer a un hombre con una idea clara sobre el futbol: Jürgen Klopp. Ahora pueden tardar en llegar los éxitos, o pueden ni llegar, pero el cambio está ahí. Es real.

Solo un concepto puede ir por delante del entrenador: el club

Otro caso que da fuerza a esta teoría está sucediendo en Londres. El Chelsea ha empezado de forma horrenda esta campaña, pero una cosa tienen clara en la capital: Mourinho no se toca. Lo saben los aficionados, lo sabe Abramovich y lo sabe él. ¿Que importa una mala racha de resultados si tienes a un hombre con carácter en el futbol como lo es él? Roman ya la fastidió una vez y pasó años buscando un sustituto a José, que solo supo encontrar en el mismo José. Mou tiene un proyecto sólido, que vale más que cualquier jugador.
Por último, el último movimiento de banquillos en la Premier ha tenido lugar en el Sunderland. Un equipo que lleva años sin un proyecto pero que ha decidido gastar posiblemente su última bala en el hombre adecuado: Big Sam. Está claro que comparado con los dos anteriores casos hablamos de diferentes niveles tanto futbolísticos como económicos, pero lo que sabemos es que Allardyce está preparado para aportar más que cualquier fichaje que pudiera o pueda llegar en invierno.

Las ideas mueven a las personas

En definitiva, el primer ladrillo que se debe colocar para crear un proyecto ganador no está en el campo sino en el banquillo, porque son las ideas las que mueven a las personas y no al contrario. Así que interésense por aquél que las tenga y no por aquellos que las deban ejecutar.

jueves, 8 de octubre de 2015

ANÁLISIS TÁCTICO: SALIDA DE PRESIÓN DEL BARCELONA

El Barcelona llega a este parón de las grandes ligas con dudas sobretodo en defensa. Errores que cuestan goles, malas decisiones y sobretodo problemas en la salida desde atrás están avasallando al club catalán. En este artículo analizaremos la causa de los problemas en la salida de presión de los azulgranas en este inicio de temporada.
Tras siete partidos de liga y dos de Champions, el Barça ha encontrado diferentes rivales que han salido a presionarle arriba. Realmente no es ninguna novedad respecto otras temporadas, pero el Athletic, primer rival en Liga ya tenía la medida a la zaga culé y usó una presión vista pocas veces antes contra el Barcelona: los de Valverde se alinearon con un solo punta (Aduriz) y linea de tres detrás de él (Sabin-Eraso-Susaeta), y en el momento que el Barça sacaba el balón desde atrás aparecía un segundo punta, en este caso Eraso, para montar una primera linea de presión de dos hombres. Aquí lo vemos.


Se puede observar la linea de dos marcada por el Athletic, que iguala fuerza con los centrales y dificulta el pase al MC, en este caso Busquets. La primera opción que jugó en este caso el Barça es la de buscar ayuda en el portero para conseguir superioridad y así poder desequilibrar este primer nivel. Esta es una opción complicada, pues no en todas las ocasiones el meta, en este caso Bravo, puede salir a ayudar en la creación. Vimos esta presión en otro partido en especial, frente al Bayer Leverkusen. Veamos la situación sin la ayuda del portero.


Se puede observar que con dos hombres presionando, los centrales no pueden desequilibrar a sus rivales solos, aparecen laterales y el MC, en este caso Rakitic, se tiene que acercar a recibir. Aun así, esta no es una buena solución, porque el pase a Ivan sigue siendo muy arriesgado: recibe de espaldas y rodeado de hasta cinco jugadores. La opción que entonces usa Luis Enrique para mejorar la fluidez desde atrás es la siguiente: incrusta al mediocentro, normalmente Busquets, entre los centrales para, primero, tener gente con mejor control y toque del balón que los centrales, y segundo, no necesitar al meta para conseguir superar en número a los rivales. Veamos esta acción en los dos encuentros.




Parece haberse encontrado una solución factible. Obviamente, con tres hombres en la zaga, los laterales tienen mucha más libertad y adelantan metros, colocando así al equipo en un 3-4-3 que varia según se ataque o se defienda. Sin embargo, esta modificación crea un desequilibrio en el centro del campo: los interiores (Iniesta-Rakitic) deben retrasar sus posiciones y colocarse a la altura del circulo central para suplir la posición de Sergio, apoyo que no siempre llega o que simplemente llega tarde, obligando al equipo a jugar pases arriesgados, que dan pie a errores y pérdidas de balón. A parte, en el caso que se coloquen, los centrocampistas reciben normalmente de espalda a la portería, y con los laterales a su misma altura, girarse y proseguir la jugada es una maniobra complicada y arriesgada que también puede comportar errores. Lo vemos en la siguiente imagen.



Se entiende claramente que al recibir un pase del central (que vuelve a ser complicado porque cada delantero queda entre la linea de pase de un central a un centrocampista), los interiores recibirán de espaldas, con la presión de los hombres de la medular rival y con dificultades para girarse o buscar un pase hacía delante. 
Visto el problema, la solución no es fácil. Es verdad que los dos partidos de los que hemos hablado el Barça los ha ganado, pero eso sí, con mucho sufrimiento (0-1,2-1). Posiblemente una de las claves para mejorar la movilidad del balón en la salida sería la aparición de Leo Messi junto a los interiores, sin posición fija, para romper los esquemas rivales, cosa que ya vimos en muchas ocasiones la temporada pasada (por ejemplo frente al Manchester City), a parte de una movilidad constante de todo el equipo, es decir, que todo el equipo acompañe el movimiento del balón desde la defensa hasta el ataque para aumentar las posibilidades de los apoyos cortos. El Barcelona tiene margen de mejora, y capacidad para mejorar. Veremos como evoluciona el equipo de aquí dos semanas.

lunes, 5 de octubre de 2015

DUDAS BAJO PALOS

En un deporte como el fútbol, dudar sale caro. Los conjuntos entrenan día a día para erradicar este fenómeno el fin de semana, y es que son muchas las ocasiones que un partido se resuelve por culpa de un error antecedido por una duda. Ahora, si lo analizamos bien, podemos llegar a afirmar que contra más cerca de nuestra portería nos encontremos, dudar tiene consecuencias más graves; por consiguiente, las dudas de un portero son las más propensas a salir caras. Pues bien, llegados a esta reflexión casi innegable, podemos afirmar que el Barça tiene un mar de dudas bajo palos, y por tanto un grave problema.
Como una casa, un equipo de fútbol se empieza por los cimientos, y es fácil reconocer en ellos a los zagueros e incluir por tanto al guardameta. Los grandes equipos suelen ser aquellos que tienes la espalda bien cubierta para a partir de allí avanzar al ataque. Un equipo que quiere aspirar a todo debe transmitir seguridad y confianza desde debajo de sus palos y a día de hoy eso no existe en la capital catalana. Parecía que Luis Enrique había dado con la tecla al combinar a Bravo y a ter Stegen para luego ir incrementando la confianza en el alemán, como claro proyecto de futuro, hasta que se hiciera dueño de la siempre difícil meta del Barça. Pero parece que Marc André ha dado un paso atrás en su rendimiento en el momento que se le ha pedido más responsabilidad.
Las dos Supercopas fueron un caos para el ex del Gladbach: nueve goles encajados en tres partidos. Se pueden estudiar las causa y demás, pero al fin y al cabo son nueve tantos, tres por encuentro. Y el inicio de temporada ha seguido el mismo patrón: en ningún encuentro ha conseguido dejar la portería a cero. Insisto que se podrían mirar con lupa cada uno de los goles, pero un dato así nunca es bueno.
La alta de Bravo ha vuelto a dejar al alemán en la banca como mínimo en Liga, ya veremos la decisión que toma Lucho frente las competiciones del KO, pero la situación es preocupante porque la afición culé sabe que el cancerbero chileno no es la solución de futuro que el club necesita.
Llegará el dia, y parece no quedar mucho tiempo, en que Bravo, de 32 años ya, deba pasar a un segundo plano, pues aunque haya cubierto su función de forma excepcional y ahora mismo sea el hombre más en forma para cubrir la portería blaugrana, no es el portero que busca el Barça; no es portero para un gran club que busca estabilidad bajo palos. Lo que no puede hacer el club catalán es dejar llegar este día sin asegurarse de que ter Stegen demuestre que está capacitado para asumir tal responsabilidad, y eso solo el tiempo lo dirá.
Una temporada más, parece que el alemán volverá a ser el hombre de las competiciones eliminatorias y deberá esperar para asumir el papel de primer portero, o como mínimo de forma absoluta, pues, tras una gran temporada, el inicio de ésta le ha dejado en un nivel más bajo, quizás insuficiente para el Barcelona. El futuro nos dirá cual es el verdadero ter Stegen: el campeón de Europa, o el de las dudas.

ter Stegen tras recibir su último gol, frente el Bayer. Un mar de dudas

lunes, 14 de septiembre de 2015

DE ROBERT A BOB

Bob Martinez ha pasado a ser un personaje conocido en nuestro país desde que, en 2009, el Wigan Athletic le diera la oportunidad de dirigir al equipo en la máxima categoría del futbol inglés y posteriormente, por llegar al banquillo de un club tan mítico como es el Everton, equipo en el que milita actualmente. Lo que mucha gente desconoce es como Robert, un chico de Balaguer que amaba y practicaba el futbol, pasó a ser llamado Bob, y con ello transformarse en historia viva del futbol inglés y en especial del Wigan, y todo esto, hecho de una forma nada convencional.
Como ya he dicho, Robert era un chaval que jugaba en el Balaguer y al cual le llegó la oportunidad de dar el salto futbolístico en 1993, cuando el Zaragoza se interesó por sus servicios. Aunque fue así, Martinez no dispuso de la confianza del técnico y jugó mayormente en el filial pudiendo debutar solo unos minutos en Primera División el 20 de junio de ese mismo año, frente al Atlético de Madrid. Cansado y frustrado por no ver futuro en el club maño, decidió volver a su antiguo club, el Balaguer y seguir jugando a un nivel mucho menos profesional.
Pero en 1995 su vida cambió. Apareció casi de la nada un tal Dave Whelan, que era conocido por ser un exjugador del Blackburn Rovers, entre otros, y que aparte, poseía una cadena de supermercados en el Reino Unido con su mismo nombre. Ese mismo año, Dave había adquirido también el Wigan Athletic, que militaba en cuarta división inglesa. El empresario volcó muchos esfuerzos en el club y se interesó mucho en el proyecto de los latics. Pues bien, en un viaje de Dave a la península, queriendo promocionar su cadena de supermercados, quiso dar un giro en la filosofía de fichajes de su recién adquirido club y apostó por llevarse a las islas británicas a tres jóvenes que habían compartido vestuario en aquel Zaragoza B: Jesús Seba, Isidro Díaz y el propio Robert. Los tres colegas aceptaron y se dispusieron a vivir aquella experiencia como una nueva aventura.

Un joven Martinez en su primer año en el Wigan
Por aquel entonces, el salto al futbol inglés para jugadores españoles era casi inaudito, pues solo Nayim, de la cantera del Barcelona y que en 1988 fue el primer español en jugar en la máxima categoría del futbol inglés en el Tottenham, se había atrevido a viajar a Inglaterra. Así pues, los tres jóvenes fueron pioneros, en la que a día de hoy ya es imparable, globalización del futbol de este país. A parte, el caso se hace más singular si pensamos el nivel tanto de los clubes como de los jugadores de los que hablamos. Un auténtico hecho insólito para aquellos tiempos. 
Martinez fue el único de los que apodaron “los Three Amigos” que triunfaron en el club, pues tanto Seba como Díaz, volvieron a su país natal dos años después. El de Balaguer se hizo un hueco en el once inicial y ayudó al equipo en su camino hacia la Premier League, objetivo que había marcado Whelan al inicio de su etapa. Se consolidó como uno de los grandes ídolos de la afición siendo nombrado mejor jugador de la historia del club en una votación realizada en 2005 a los hinchas.

Los Three Amigos con la copa que les acreditaba como campeones de la Third Division
En 2001, tras seis temporadas y un ascenso, Robert dejaría el club y se volvería un trotamundos en el Reino Unido, jugando en diferentes equipos de Inglaterra, Escocia y Gales. Disputó tres temporadas en el Swansea, salvando al club del descenso de categoría profesional e incluso llegando a ser capitán, demostrando así su carisma dentro y fuera del campo.
Bob colgaría las botas en el Chester City en 2007 para así la siguiente temporada iniciar su carrera como mánager en el banquillo del propio Swansea, equipo al que siempre estuvo eternamente agradecido. Entrenó al conjunto galés durante tres años en Premiership, consiguiendo grandes resultados. Siempre fue valorado, tanto en su época de corto jugando de mediocentro como desde el banquillo, por su buena concepción del futbol y su apuesta por el futbol combinativo.


Los primeros partidos de Bob en el Wigan
Sus grandes resultados con los cisnes de Gales despertaron interés por las islas e  hicieron que el mismo Whelan, el hombre que le trajo al Reino Unido, se interesara otra vez en él y le ofreciera un asiento en un banquillo de primera. Robert se transformaría así en el tercer entrenador español en dirigir un equipo Premier. Pero quizás para entonces ya era más Bob que Robert. Tras salvar al club durante varios años del descenso, su mayor logro llegó en 2013, al imponerse al Manchester City por 1-0 en la final de la FA Cup y así conseguir el primer título importante de la historia del club. Martinez devolvía de esta forma la confianza que un día puso sobre él Dave Whelan, y aunque por desgracia no pudo evitar el descenso del equipo cuatro días después, la afición de los latics siempre tendrá un gran recuerdo de un hombre que ha acabado siendo leyenda dentro de la institución.

Bob y Whelan con la FA Cup
Bob actualmente dirige al Everton, un mítico de la Premier, y se ha hecho un nombre en los banquillos aun su juventud, pues solo tiene 42 años. Así prosigue la historia de un hombre que migró a la cuna del futbol en busca de oportunidades y que hoy día es casi otro inglés más, aunque en su carné de identidad siga diciendo Robert.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

DE KLOPP A TUCHEL

Cuando te sientas delante de tu televisor a ver un partido difícilmente te puedes imaginar que acabarás enamorado del juego de un equipo. El 24 de Octubre de 2012 decidí ver un interesante Borussia Dortmund – Real Madrid. El Borussia, campeón de las dos últimas Bundesliga se enfrentaba al poderoso Madrid de Mourinho. Sobre el papel, como mínimo, interesante.
Los primeros recuerdos que tengo del equipo de la cuenca del Ruhr datan de 2002 cuando contaban en sus filas con dos cracks checos: el gigante Jan Koller y el actual jugador del Arsenal Thomás Rosicky, que eran los encargados de mover el equipo y de dar los últimos títulos al equipo antes de pasar por el purgatorio de estar en bancarrota y a punto de desaparecer.
Después de la tormenta viene la calma, si así podemos describir a Jürguen Klopp. Desde su llegada en 2008 al club teutón implantó su sistema de juego: directo, preciso y letal. Con jugadores de casa, fichajes de jugadores con nombres impronunciables y alguna que otra apuesta arriesgada creó un equipo campeón. Las dos Bundesliga ganadas al siempre temible Bayern son el mejor ejemplo de esto.
Pero volvamos a ese 24 de Octubre de 2012. Ese día vi la que considero una de las mejores exhibiciones de “futbol directo”, si así lo podemos llamar. Ese día descubrí por qué ese equipo había logrado esos títulos en años anteriores. Me gustaría resumirlo con una sola frase: “Aprovechamiento perfecto de los espacios”.
Juego directo, “a barraca”, buscando los espacios, las bandas. Carrileros jugando como extremos (la pareja de laterales Schmelzer-Piszczek era simplemente genial), centrales fuertes y contundentes al corte, Gündogan siendo el eje del equipo en defensa, en ataque y capaz de jugar “box to box” al puro estilo inglés, extremos con gran capacidad de desborde, el olfato goleador de Lewandoski y por último la magia de un joven Mario Götze. Sobre el papel los ingredientes de una receta prometedora. Sobre el campo un estilo de juego único: con cinco pases eran capaces de desmontar al temible equipo de Mourinho.
El resultado de ese partido: 2-1 (Lewandoski, Schmelzer / Ronaldo). Pero para los románticos, puedo asegurar que me habría enamorado igualmente del estilo de Klopp si hubiera acabado todo con un 0-3. Y fue por eso que no me perdí ningún partido más del equipo alemán en esa edición de la UCL.
Ese mismo equipo del que os hablo se plantó en la final de la Champions dejando en la cuneta al Shakhtar, Málaga (de un modo claramente épico, sino que se lo pregunten al central goleador de esa noche Felipe Santana) y al mismo Real Madrid.
Por todos es sabido la final la ganó el Bayern de Heynckes con un gol de Robben en el 89’ que le redimía de todas sus actuaciones de sus anteriores finales y partidos importantes.
Siendo el equipo de moda sufrieron en sus carnes la voracidad de los “grandes” del futbol europeo y fueron perdiendo muchos de esos cracks que les llevaron a rozar la orejona.
Esta temporada fue la última del ciclo de Klopp en Dortmund. Con un equipo lastrado por las lesiones, por las múltiples ventas y seguramente exprimido al máximo; Klopp llegó a su límite y decidió despedirse. Se acababa un ciclo ganador y de excelso juego, pero la directiva demostró una gran capacidad para encontrar un sustituto.
El nombre de Thomas Tuchel no parece a priori ilusionante para el público de fuera de Alemania. Pero este joven entrenador no solo comparte con Klopp el club donde se dio a conocer (1.FSV Mainz 05) y una trayectoria en él muy parecida. Por carácter, por estilo son entrenadores de un mismo perfil.
Llegados a este punto podemos entender que se generase ilusión entre los que llenan fin de semana tras fin de semana el Signal Iduna Park. Si a esto le sumamos las 8 victorias en 8 partidos oficiales, el balance de 30 goles a favor por 6 en contra, el liderato en la Bundesliga y el buen juego que están desarrollando; podemos comprender porque en Dortmund se vuelve a ver la luz al final del túnel.
Si me lo permiten yo seguiré esperando tranquilamente otro 24 de Octubre, porque este equipo también tiene unos buenos ingredientes en manos de un buen cocinero. ¿Llegará? Me aventuro a decir que si…
Danke Jürgen.

@joanmarcnq

LA AVARICIA ROMPIÓ EL TRATO

Si buscan varias entradas atrás en este blog, leerán una de cuando se abrió el mercado dando por hecho el traspaso de De Gea al Real Madrid, y ayer, 2 de setiembre, el portero español seguía perteneciendo al United. ¿Que les voy a contar sobre algo que ya se ha dicho todo? Pasaban los días de verano y tanto diarios como programas deportivos hablaban de ello como algo cerrado. Y hasta yo me lo creí a la hora de escribir el artículo antes mencionado. La cuestión es que hace un par de días se cerró el mercado y no se llegó a tiempo a certificar un acuerdo que ya estaba pactado. Y cuando el mercado se clausuró definitivamente simplemente empezó la búsqueda de culpables; responsables de este fracaso tan sonado entre dos clubes de tal nivel como son el Real Madrid y el Manchester United.
Se han buscado las causas de este estrepitoso fallo en las medidas burocráticas, en enviar papeles a las 23:59, en perder otros faxes o en problemas al inscribir la transacción, pero si hay que encontrar la raíz del problema, ésta se encuentra en la tardanza del inicio de las negociaciones. Llegados a este punto, encontramos como posible primer responsable al bueno de Van Gaal: el holandés, con su cara de pocos amigos, ha sido criticado durante todo el verano por no querer vender a David, algo que yo veo lógico. En su día dijo algo así como: "nosotros estamos comprando jugadores a precio de oro, y queremos vender los nuestros igual. David ha sido el mejor jugador del equipo en estos dos últimos años". Que le lluevan las críticas que quieran, pero Louis no dice nada descabellado.
El Real Madrid quiere fichar a De Gea, perfecto. De Gea quiere fichar por el Madrid, mejor aun. Pero ese no es motivo para que el Manchester REGALE a su portero. Un portero que se encuentra sin duda entre los cinco mejores del mundo como mínimo. Florentino se lo quiso llevar por 20 o 25 kilos y pretendía que el United aceptase la oferta viéndose acorralado por la posibilidad de que David se marchara al año siguiente de gratis, pero el equipo inglés no quiso aceptar la oferta, decisión totalmente legítima, defendiendo sus intereses. Entonces desde España se utilizó la figura del "ogro" Van Gaal como aquella persona que, a parte de no dejar jugar a De Gea, no lo dejaba marcharse.
Lo de no dejarle jugar puede levantar ciertas quejas sí, pero volvamos a lo mismo: el holandés se preocupaba por sus intereses. Y estos pasaban por la obligación de tener un plan de reserva para la posible marcha del internacional español. Quizás no fuera lo correcto, pero como mínimo razonable sí que lo es.
Conclusión: negociaciones bloqueadas. El Madrid esperó que la presión que ejerciera De Gea acabara con la paciencia del club y aceptaran la oferta. Al ver que no fue así, al final, se añadió a Keylor Navas en la operación. No sé si eso sucedió el mismo 31 de agosto o es que ese día el United aceptó negociar, la conclusión es que si De Gea no es hoy día jugador del Real Madrid es porque el club blanco no quiso. Porque Florentino sabía la solución, y la solución era poner más dinero. Si fue capaz de pagar 100 millones por Bale, ¿por qué no 40 por David? O 50, ¿que más da? Si está claro que el jugador vale ese precio, era el mejor portero posible para los blancos. En vez de esperar al último día para acusar a Woodward y compañía de que tardaron demasiado en aceptar la oferta, ¿por qué no el 15 de agosto puso más millones sobre la mesa y zanjaba el tema? Florentino, el Florentino que nosotros conocemos, pecó. Y pecó de tacaño. Adjetivo que hace tan siquiera un mes nos sonaba imposible atribuírselo.

De Gea se queda. Por ahora.