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miércoles, 25 de noviembre de 2015

BUEN ROLLO

Hay buen rollo en Can Barça. Todo son sonrisas, cachondeo y felicidad. Cuatro al Madrid y seis a la Roma, y con un juego sublime que ha vuelto a enamorar a Europa. Messi se recupera de su lesión, el tridente marca, Iniesta vuelve a ser un chaval, con alopecia, pero un chaval, Sergi Roberto ha cogido más confianza que la que tiene Ter Stegen en su juego de pies y seguro que el pobre Munir, que no marca ni al arco iris, se habrá encontrado 20€ en el bolsillo de alguna chaqueta antigua. Joder, que suerte y qué bien va todo en Barcelona, ¿no?
Pues sí, para que negarlo. "Momento dulce", que dice Luis Enrique. Su actitud es la correcta y no la de los medios catalanes. "El halago debilita" decía el asturiano después del partido del Bernabéu, y razón no le falta. Sino que le pregunten a Carletto tras el Mundialito de Clubs. En menos de seis meses del todo a la ¿nada? Y viceversa el Barça, que en Anoeta tocaba fondo cuestionando a Luis Enroque y dejando a Messi con un pie fuera del Barça a final de temporada. ¡Ah! Y la grada gritando "Bartu dimissió", cómo no. ¿Les suena de algo esta situación? Algo les viene con Benítez, Ronaldo y Florentino, ¿no? Todo lo que sea alagos por encima de la realidad, y la creación de expectativas demasiadas altas son negativas para el equipo
Y aquí estamos los culés, poniéndonos cachondos con cada virguería de la MSN, aplaudiendo a Lucho, y con el mismo presidente, esta vez electo, en el palco. Así que calma y pies en el suelo, señores, que en menos tiempo se ha perdido más. Que porque hoy veamos en línea ascendente al equipo, no quiere decir que sea así hasta junio,quizás esta recta vista desde lejos es una curva, y en esos momentos también habrá que estar con el equipo.
Justo el año pasado escribía tras el primer Clásico (3-1 para los merengues) una entrada hablando de lo mismo, pero al revés. Con un Barça en horas bajas y un Madrid imperial que avanzaba hacia su récord de 22 victorias seguidas. Ya saben como acaba la historia. El fútbol es solo un estado de ánimo, y uno no siempre está de buen rollo, ni siempre está enfadado.

Messi, Suárez, Piqué y el buen rollo

lunes, 16 de febrero de 2015

LA PEGADA.

A veces la gente se puede pasar la vida buscando algo y cuando lo tienen en frente ignorarlo o darle poca importancia. Puede llegar a pasar que el tiempo que se está anhelando algo acabe por deteriorar ese propio deseo. A los seguidores del Barça puede que les haya pasado algo así, porque desde hace apenas un mes el Barça ha encontrado algo que hacía años mucha gente exigía al equipo. El Barcelona de hoy, tiene pegada.
Esa palabra que estos últimos años sonaba tanto en las portadas del Marca y que se relacionaba al Madrid de la BBC parece que se ha contagiado a los rotativos catalanes gracias a la que, para ponerle un nombre, le llaman MSN. El equipo culé ha demostrado ser capaz de usar la contra, la velocidad o la llegada para desatascar esos partidos que se vuelven un calco entre ellos. Esos que empiezan con una defensa cerrada en el área y un Barça jugando a balonmano y que acaban con un empate como mucho y con la sensación de que en ningún momento se ha llegado a crear peligro.
Este síntoma acompaña al Barça desde hace mucho, pero se acrecentó en el momento en que Guardiola se sentó en el banquillo. Pero Pep era Pep. Y pocos eran los partidos que de una u otra forma no se conseguía salir con la suya y abrir la lata, para que al final ese partido que olía a agrío para su equipo acabara en una goleada aplastante. Entonces se fue Pep, y llegaron dos temporadas en que esa clase de partidos se iban repitiendo con demasiada frecuencia y el soci se empezaba a quejar de la poca pegada del equipo. Se tenía que buscar otra forma de ataque para romper a defensas preparadas para soportar las embestidas de toque típicas de los culés. Ni Tito, ni Roura ni Tata supieron encontrarla. Y parecía que Luis Enrique tampoco iba por buen camino, pues el partido contra la Real solo era el enésimo encuentro que el Barça se dejaba puntos por no encontrar forma de superar la defensa rival, que se quedaba esperándolos en el área.
Pero más casi por fortuna que por acierto propio, Luis Enrique tuvo la suerte de que Messi se enfadara, que el equipo reaccionase a todo el polvo levantado en enero. Y ahora el Barça tiene pegada. Ganar al Atlético en su casa con sus propias armas se podría considerar una venganza que aún sabe a poco a los barcelonistas tras el año que les dio el club rojiblanco la temporada pasada. Cada goleada en Liga que consigue el equipo acrecienta el ego del equipo y eso, al final repercute a los rivales.
Ahora el equipo sabe solucionar partidos con mucha más garra. Con muchos más recursos. Y aunque ya he dicho que Lucho se encontró con la suerte de una reacción a tiempo de la plantilla, hay que saber apreciar que él ha sido el único entrenador que ha sabido como relegar a Messi al extremo otra vez para así ganar velocidad en el juego, colocar a un nueve en su posición sin estorbar al juego típico del Barcelona y que a la vez de participar en él, de alternativas arriba.
Ahora, nada de esto servirá si delante equipos grandes el Barça no consigue jugar como normalmente nos ha acostumbrado. La clave del éxito de este equipo reside en la capacidad de la plantilla y del entrenador de saber compensar pequeños golpes de pegada con su maravilloso juego que al final es el sello que les distingue de otros clubes y que tantos éxitos le ha proporcionado. Si Luis Enrique consigue mezclar estos dos conceptos de forma equilibrada en el mismo tarro, puede que este Barça no consiga el pedigrí que consiguió con Pep, pero conseguirá que sus rivales les vuelvan a temer en toda Europa.

Luis Enrique debe encontrar el equilibrio entre toque y pegada.

martes, 27 de enero de 2015

DUALIDAD.

Si se quiere discutir con un poco de sentido común de lo que sea, se necesita objetividad. Y eso en el mundo del deporte, especialmente en el del balompié, escasea. Si encima tocamos un tema del cual es tan fácil opinar sin sentido, al final cuesta saber distinguir lo que es cierto y lo que no. Hoy, intentaré dar cuatro o cinco opiniones, lo más objetivas posibles de un tema del que ya casi no se puede decir nada más. Hablo de la rivalidad de Cristiano Ronaldo y Messi.
Aunque puedan parecer semejantes, los dos jugadores distan entre ellos en varios aspectos. Dualidad. Muchas veces de lo que uno puede presumir, el otro carece, lo que a uno le sobra, al otro le escasea. Como ejemplo puede servir el partido de Cristiano el sábado pasado. Los nervios y la rabia acabaron por desquiciar al portugués y agredió a un rival, cosa que le costó su quinta tarjeta roja en España. Todas por actos parecidos. Cristiano es mucho más impulsivo que Messi. Es su forma de ser. Le cuesta controlarse a sí mismo en el campo. Algunos golpes o patadas, provocaciones a la grada u otros incidentes han acabado manchando la reputación de Ronaldo. Algo que parecía que cada vez tenía más olvidado, su época de joven prepotente en el United que muchas veces aparece en deportistas de corta edad, volvió sábado pasado para recordarnos que dentro de Ronaldo sigue habiendo un chico joven al que solo le vale ganar.
A Messi en cambio, siendo objetivos, no le podemos atribuir esa actitud chulesca y prepotente que a veces luce Cristiano. Leo vive en su propia burbuja donde solo están él y la pelota y, aunque a veces sí que se le ha visto enrabietado, no se puede comparar a la espontaneidad del jugador blanco. Ahora, si Messi quizás puede presumir de humildad y de cierto temperamento, a veces esto juega en su contra y en la de su equipo. El temperamento puede traducirse en pasividad, y ese es su talón de Aquiles. Y eso a su némesis portugués nunca le pasará. Porque Cristiano juega al límite, al máximo. Siempre. La sangre caliente de CR le impide no ser protagonista del partido, le impide borrarse del encuentro, cuando a Messi durante los últimos años se le acusó de cierta pasividad en el terreno de juego. No siempre, pero es imposible negar que el argentino ha tenido partidos en los cuales deambulaba por el campo, sin correr, esperando que el balón llegará a él. Su sangre fría que le impide cometer actos irresponsables como los de Cristiano a veces le juega una mala pasada y le hace volverse invisible.
Pero que se le va hacer. Al fin y al cabo, nadie es perfecto ni debería serlo. Gracias a esas imperfecciones los dos cracks igualan sus fuerzas y se retroalimentan entre ellos en la carrera para escribir su nombre por encima del de su rival en la historia. El problema llega cuando, sin ninguna objetividad, se intenta comparar a los dos. Todo lo escrito, en definitiva, son cosas que han sucedido, hechos reales que no se pueden negar. Pero ninguna de ellas sirve para poder decidir quién es el mejor. Nuestro problema es que el tiempo que perdemos discutiendo como cavernícolas que nuestro favorito es mejor que el otro, nos estamos perdiendo la posibilidad de disfrutar del fútbol que hace cada uno, sin importar quien lo haga mejor. Se está volviendo más fácil criticar a un jugador del equipo contrario que disfrutar del juego de los dos mejores futbolistas del planeta.

Sangre caliente y sangre fría

lunes, 12 de enero de 2015

SIETE DÍAS DESPUÉS.

Tirar la primera piedra. La primera hostilidad. Se ha abierto la caja de pandora. Bueno se abrió el fin de semana pasado. En can Barça ya ha pasado la semana más convulsa del año. La primera y yo ya sé que será la más caliente de todo 2015. La cuestión es que se ha acabado la semana, pero ¿se acabaron los problemas en la ciudad condal?
Quién sabe. Algo más tranquilo se duerme ya en Barcelona. Porque mira, que se pierda en Anoeta, bueno. Que destituyen a Zubizarreta, ya tocaba. La junta convoca elecciones, es buena noticia. Problemas entre Luis Enrique y Messi, ojo que esto es serio. Cánticos plebiscitarios en el Camp Nou, la cosa pinta fea. Messi se quiere ir, para, para que me bajo. La tensión se notaba hasta en el tupé de Neymar. Pero como a aquél que le pitan un penalti en el descuento, ha llegado domingo. El séptimo día de la semana trágica ha apagado las llamas en Barcelona. Se podía liar gorda. Imaginaba un Camp Nou pitando dividido entre pitidos y pañoladas, haciendo algo estilo "hola fondo norte, hola fondo sur" pero con los nombres de Lucho y Messi. Imaginaba un Barça palmando y jugando a balonmano al borde del aera del Atlético sin saber que hacer. Tenía un miedo que ni quería ver el partido.
Pero tanto imaginé, que acabó pasando lo contrario. Partidazo del Barça, gol de Neymar, gol de Suárez, gol de Messi. Posiblemente los mejores minutos de la temporada para los culés. Todos contentos, un Camp Nou lleno animando y dejándose la voz. Si es que ni en mis mejores sueños. Pero encima, sale Messi, que le hacen una entrevista, y ya me deja conciliar el sueño por lo que queda de mes. Me dice que se queda, que no pasa nada entre el míster y él, que no ha pedido la cabeza de nadie y que hay que estar unidos. A mi que diga eso Leo me ha llenado, mira. Buenas notícias. Que sí, que también ha tirado alguna puita a los culés que dicen que son culés y no lo son (¡al loro!), pero oye no me amarguen la semana, otra vez.
Cuando dentro de aquí un par de días todo vuelva a estabilizarse de nuevo la pregunta será, ¿podremos acabar la temporada sin oir hablar más de esto? ¿O cada vez que el Barça pierda oiremos el fantasma que me susurra "Messi al Chelsea, se lleva mal con Luis Enrique" y que no me deja dormir?
Espero que no pase. Espero que la semana convulsa acabe como acaba cualquier semana: siete días después de que empezara. Que esto se quede en siete días malos, muy malos y que si se tiene que hablar de todo esto que se haga en julio, que la temporada siga su curso, y que los únicos que me calienten la cabeza con esto sean Pedrerol y compañía de madrugada con sus #ChiringuitoSi o #ChiringuitoNo. Aunque viendo el nivel del periodismo deportivo del país, aun si todo va bien dentro del vestuario, yo sé volveremos a leer titulares de que Messi ha empezado a seguir a no sé quién en Instagram, ya verán.

Siete días después, volvió la calma a Barcelona.

martes, 4 de noviembre de 2014

ESTADOS DE ÁNIMO

"Uno de los candidatos a la Liga acaba de perder dos partidos consecutivos. Aunque la temporada empezó de forma estupenda, tras sufrir un patinazo contra un equipo en teoría asequible y otro en el derbi, el equipo ha entrado en una dinámica negativa y la prensa no ayuda. Se responsabiliza al entrenador. El equipo está partido, el centro del campo no carbura. Y para colmo, los jugadores que decidieron vender triunfan en sus nuevos equipos como nunca lo hicieron en el club, y los fichajes nuevos parece que no contentan a la afición. La gente empieza a dudar del proyecto deportivo y de la gestión del equipo. Los jugadores necesitan reaccionar o la temporada puede acabar como un fracaso."
Ustedes pensarán que me refiero, quién sino, al Barcelona. Pero, hagan este ejercicio: vuelvan arriba la mirada, olviden lo leído y relean el texto como si lo hicieran hace exactamente 52 días. El Madrid acaba de perder su segundo partido consecutivo en la liga frente el Atlético y el equipo siembra dudas. Muchas. Pero ahora, vuelvo al día que marca el calendario y pongo Deportes Cuatro (me gusta intentar aguantar diez minutos viéndolo) y acabo de ver que preguntaban si éste era el mejor Real Madrid de la historia. De la HISTORIA. Oigan, la historia es muy larga, que se acaban de cargar más de un siglo de fútbol en 52 días. Deportes Cuatro, calma.
Pero bueno dejando atrás los medios deportivos sensacionalistas (el 99%) y viendo cómo está la Liga de forma objetiva, hay que reconocer que el equipo blanco está en estado de gracia. Y quien no lo vea, que se vaya al Chiringuito a discutir. Eso, y que el Barça ha pasado por un bache. Perder dos partidos es un mal paso, no un desastre. La temporada pasada fue en desastre, no perder dos jornadas seguidas. Porque si fuera un desastre hoy no leería nada sobre un "Madrid que da miedo" o "el mejor Madrid de la historia". Pues, si los merengues también pasaron por esta situación hace menos de dos meses y hoy están como están quiere decir que perder dos partidos no es un desastre.
Que tampoco se entienda esto como una entrada que pronostica un Barça líder y sobresaliente dentro de dos meses. No. Vamos, que quizás de aquí a enero tenemos a Eusebio entrenando al primer equipo y la afición entera con un pañuelo en la mano mirando a Bartomeu. Que solo sirva para que nadie desespere. Ni que nadie dé nada por ganado. Porque igual que los blancos han sabido cambiar su dinámica, lo puede hacer el club culé. O no. O el Madrid puede perder otros tantos puntos estrepitosamente y al final no gana nada. O yo que sé. No me las voy a dar de adivino, o como mínimo no hasta que saque algún pleno al quince en la dichosa quiniela.
Que para lo único que sirva este post sea para darse cuenta que el fútbol es un estado de ánimo. Y que los estados de ánimo cambian, y más frecuentemente de lo que creemos. Al final, quien se lleva lo bueno en mayo es el equipo que más tiempo ha estado "feliz" durante la temporada. Así que no me hagan enfadar, señores de Deportes Cuatro, que hoy tengo que hacer otra quiniela y quiero llevarme aunque sea unas monedas.
Unos ganan, otros pierden. Estados de ánimo.