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lunes, 9 de marzo de 2015

A ESTE BARÇA LO QUE LE SOBRA ES PEP

Tras el tercer gol de Messi, justo en el momento en que Cristian Álvarez se fue al suelo esperando que lo que iba a hacer Leo fuera un chut y no una sutil finta, en ese momento le di un trago a mi cerveza. La cuestión es que veinte segundos después, dejé de pensar en lo bien que se estaba en la terraza en la que me encontraba viendo el partido y me acechó una duda: ¿Qué le falta a este Barça?
Mientras Messi celebraba con ya cierta pasividad el gol y los comentaristas alababan su superioridad frente el resto de mortales que estaba en ese terreno de juego, yo le empecé a dar vueltas a porqué este Barça, el de la pegada, el del tridente, el de Luis Enrique, me seguía dejando una sensación extraña de algo incompleto. Sí, el Barça se acababa de poner líder ese mismo día, está en la final de Copa y muy bien colocado en Champions, sí, los de arriba marcan y juegan de lujo, atrás se ha recuperado la seriedad y en el medio hay jugadores que pueden suplirse entre ellos sin que baje el rendimiento. Pero no sé, me queda algo por dentro que me hace pensar que este Barça sigue sin estar bien. Y mientras seguía bebiendo de mi cerveza, dejaba perdida la vista al horizonte queriendo saber que era.
Entonces, mientras el Rayo sacaba de centro por sexta vez ya, di en el clavo y exclamé por dentro "¡A este Barça le falta Pep!", estaba claro. Fue aparecerse esa idea en mi mente y empezar a sentir nostalgia a mejores tiempos, a mejores épocas en Barcelona. De ahí, pasé a sentir un poco de pena, entreviendo que eso que pensaba que le faltaba al club nunca volvería y por consecuente, siempre sentiría esa especie de vacío que, oye, no me hacía sentir bien. Qué remedio.
Pasaban ya dos minutos de la genialidad de Messi, y ya iba aceptando que nunca volvería a ver a aquél equipo de 2009, o el de 2011 y me hacía la idea de que el mundo del futbol se había hecho un poco más vulgar desde entonces. Me sentía como el niño al que le dicen que su helado favorito se ha acabado y no van a traer más, como decirle a alguien que lo que vivirá en el futuro nunca superará el pasado. Con lo bien que pintaba el domingo ya me había entrado la bajona, tú.
Más tarde ya, cuando el cuarto árbitro levantaba la tablilla del descuento, yo, casi resignado por haber descubierto tal terrible verdad, me levanté para pagar el par de cervezas que habíamos pedido cuando, desde la barra, vi el gol de Suárez, y me dije "¡Que coño! ¡A este Barça lo que le sobra es Pep!". Esperen a que me explique. No me tomen por loco y cierren su navegador, un momento. A este Barça realmente no le falta nada, solo le sobra su sombra. La sombra de Guardiola, la del mejor equipo del mundo, y porqué no, de la historia. Imagínense a mí, que en mis veinte años, lo escaso que he visto de futbol, en su mayoría, ha sido la obra de arte que fue el Barcelona desde 2009 a 2012. Y claro, llega este magnífico Barça que está plasmando una muy buena temporada y mi cerebro instintivamente lo compara con lo vivido años anteriores  y lo ve hasta vulgar. Es simple cuestión de perspectiva, de relatividad, solo eso.
A este Barça le sobran complejos, y más que a este Barça, a este aficionado culé. Así que la solución, a espera de una máquina que elimine recuerdos guardiolescos, es disfrutar de esta temporada de los blaugranas y evitar las comparaciones con otros años. Tanto sean mejores o peores. Porque lo que determina el futuro de un equipo es el presente, y no el pasado.

Pep y Luis Enrique no son iguales.

lunes, 16 de febrero de 2015

LA PEGADA.

A veces la gente se puede pasar la vida buscando algo y cuando lo tienen en frente ignorarlo o darle poca importancia. Puede llegar a pasar que el tiempo que se está anhelando algo acabe por deteriorar ese propio deseo. A los seguidores del Barça puede que les haya pasado algo así, porque desde hace apenas un mes el Barça ha encontrado algo que hacía años mucha gente exigía al equipo. El Barcelona de hoy, tiene pegada.
Esa palabra que estos últimos años sonaba tanto en las portadas del Marca y que se relacionaba al Madrid de la BBC parece que se ha contagiado a los rotativos catalanes gracias a la que, para ponerle un nombre, le llaman MSN. El equipo culé ha demostrado ser capaz de usar la contra, la velocidad o la llegada para desatascar esos partidos que se vuelven un calco entre ellos. Esos que empiezan con una defensa cerrada en el área y un Barça jugando a balonmano y que acaban con un empate como mucho y con la sensación de que en ningún momento se ha llegado a crear peligro.
Este síntoma acompaña al Barça desde hace mucho, pero se acrecentó en el momento en que Guardiola se sentó en el banquillo. Pero Pep era Pep. Y pocos eran los partidos que de una u otra forma no se conseguía salir con la suya y abrir la lata, para que al final ese partido que olía a agrío para su equipo acabara en una goleada aplastante. Entonces se fue Pep, y llegaron dos temporadas en que esa clase de partidos se iban repitiendo con demasiada frecuencia y el soci se empezaba a quejar de la poca pegada del equipo. Se tenía que buscar otra forma de ataque para romper a defensas preparadas para soportar las embestidas de toque típicas de los culés. Ni Tito, ni Roura ni Tata supieron encontrarla. Y parecía que Luis Enrique tampoco iba por buen camino, pues el partido contra la Real solo era el enésimo encuentro que el Barça se dejaba puntos por no encontrar forma de superar la defensa rival, que se quedaba esperándolos en el área.
Pero más casi por fortuna que por acierto propio, Luis Enrique tuvo la suerte de que Messi se enfadara, que el equipo reaccionase a todo el polvo levantado en enero. Y ahora el Barça tiene pegada. Ganar al Atlético en su casa con sus propias armas se podría considerar una venganza que aún sabe a poco a los barcelonistas tras el año que les dio el club rojiblanco la temporada pasada. Cada goleada en Liga que consigue el equipo acrecienta el ego del equipo y eso, al final repercute a los rivales.
Ahora el equipo sabe solucionar partidos con mucha más garra. Con muchos más recursos. Y aunque ya he dicho que Lucho se encontró con la suerte de una reacción a tiempo de la plantilla, hay que saber apreciar que él ha sido el único entrenador que ha sabido como relegar a Messi al extremo otra vez para así ganar velocidad en el juego, colocar a un nueve en su posición sin estorbar al juego típico del Barcelona y que a la vez de participar en él, de alternativas arriba.
Ahora, nada de esto servirá si delante equipos grandes el Barça no consigue jugar como normalmente nos ha acostumbrado. La clave del éxito de este equipo reside en la capacidad de la plantilla y del entrenador de saber compensar pequeños golpes de pegada con su maravilloso juego que al final es el sello que les distingue de otros clubes y que tantos éxitos le ha proporcionado. Si Luis Enrique consigue mezclar estos dos conceptos de forma equilibrada en el mismo tarro, puede que este Barça no consiga el pedigrí que consiguió con Pep, pero conseguirá que sus rivales les vuelvan a temer en toda Europa.

Luis Enrique debe encontrar el equilibrio entre toque y pegada.

lunes, 12 de enero de 2015

SIETE DÍAS DESPUÉS.

Tirar la primera piedra. La primera hostilidad. Se ha abierto la caja de pandora. Bueno se abrió el fin de semana pasado. En can Barça ya ha pasado la semana más convulsa del año. La primera y yo ya sé que será la más caliente de todo 2015. La cuestión es que se ha acabado la semana, pero ¿se acabaron los problemas en la ciudad condal?
Quién sabe. Algo más tranquilo se duerme ya en Barcelona. Porque mira, que se pierda en Anoeta, bueno. Que destituyen a Zubizarreta, ya tocaba. La junta convoca elecciones, es buena noticia. Problemas entre Luis Enrique y Messi, ojo que esto es serio. Cánticos plebiscitarios en el Camp Nou, la cosa pinta fea. Messi se quiere ir, para, para que me bajo. La tensión se notaba hasta en el tupé de Neymar. Pero como a aquél que le pitan un penalti en el descuento, ha llegado domingo. El séptimo día de la semana trágica ha apagado las llamas en Barcelona. Se podía liar gorda. Imaginaba un Camp Nou pitando dividido entre pitidos y pañoladas, haciendo algo estilo "hola fondo norte, hola fondo sur" pero con los nombres de Lucho y Messi. Imaginaba un Barça palmando y jugando a balonmano al borde del aera del Atlético sin saber que hacer. Tenía un miedo que ni quería ver el partido.
Pero tanto imaginé, que acabó pasando lo contrario. Partidazo del Barça, gol de Neymar, gol de Suárez, gol de Messi. Posiblemente los mejores minutos de la temporada para los culés. Todos contentos, un Camp Nou lleno animando y dejándose la voz. Si es que ni en mis mejores sueños. Pero encima, sale Messi, que le hacen una entrevista, y ya me deja conciliar el sueño por lo que queda de mes. Me dice que se queda, que no pasa nada entre el míster y él, que no ha pedido la cabeza de nadie y que hay que estar unidos. A mi que diga eso Leo me ha llenado, mira. Buenas notícias. Que sí, que también ha tirado alguna puita a los culés que dicen que son culés y no lo son (¡al loro!), pero oye no me amarguen la semana, otra vez.
Cuando dentro de aquí un par de días todo vuelva a estabilizarse de nuevo la pregunta será, ¿podremos acabar la temporada sin oir hablar más de esto? ¿O cada vez que el Barça pierda oiremos el fantasma que me susurra "Messi al Chelsea, se lleva mal con Luis Enrique" y que no me deja dormir?
Espero que no pase. Espero que la semana convulsa acabe como acaba cualquier semana: siete días después de que empezara. Que esto se quede en siete días malos, muy malos y que si se tiene que hablar de todo esto que se haga en julio, que la temporada siga su curso, y que los únicos que me calienten la cabeza con esto sean Pedrerol y compañía de madrugada con sus #ChiringuitoSi o #ChiringuitoNo. Aunque viendo el nivel del periodismo deportivo del país, aun si todo va bien dentro del vestuario, yo sé volveremos a leer titulares de que Messi ha empezado a seguir a no sé quién en Instagram, ya verán.

Siete días después, volvió la calma a Barcelona.

martes, 4 de noviembre de 2014

ESTADOS DE ÁNIMO

"Uno de los candidatos a la Liga acaba de perder dos partidos consecutivos. Aunque la temporada empezó de forma estupenda, tras sufrir un patinazo contra un equipo en teoría asequible y otro en el derbi, el equipo ha entrado en una dinámica negativa y la prensa no ayuda. Se responsabiliza al entrenador. El equipo está partido, el centro del campo no carbura. Y para colmo, los jugadores que decidieron vender triunfan en sus nuevos equipos como nunca lo hicieron en el club, y los fichajes nuevos parece que no contentan a la afición. La gente empieza a dudar del proyecto deportivo y de la gestión del equipo. Los jugadores necesitan reaccionar o la temporada puede acabar como un fracaso."
Ustedes pensarán que me refiero, quién sino, al Barcelona. Pero, hagan este ejercicio: vuelvan arriba la mirada, olviden lo leído y relean el texto como si lo hicieran hace exactamente 52 días. El Madrid acaba de perder su segundo partido consecutivo en la liga frente el Atlético y el equipo siembra dudas. Muchas. Pero ahora, vuelvo al día que marca el calendario y pongo Deportes Cuatro (me gusta intentar aguantar diez minutos viéndolo) y acabo de ver que preguntaban si éste era el mejor Real Madrid de la historia. De la HISTORIA. Oigan, la historia es muy larga, que se acaban de cargar más de un siglo de fútbol en 52 días. Deportes Cuatro, calma.
Pero bueno dejando atrás los medios deportivos sensacionalistas (el 99%) y viendo cómo está la Liga de forma objetiva, hay que reconocer que el equipo blanco está en estado de gracia. Y quien no lo vea, que se vaya al Chiringuito a discutir. Eso, y que el Barça ha pasado por un bache. Perder dos partidos es un mal paso, no un desastre. La temporada pasada fue en desastre, no perder dos jornadas seguidas. Porque si fuera un desastre hoy no leería nada sobre un "Madrid que da miedo" o "el mejor Madrid de la historia". Pues, si los merengues también pasaron por esta situación hace menos de dos meses y hoy están como están quiere decir que perder dos partidos no es un desastre.
Que tampoco se entienda esto como una entrada que pronostica un Barça líder y sobresaliente dentro de dos meses. No. Vamos, que quizás de aquí a enero tenemos a Eusebio entrenando al primer equipo y la afición entera con un pañuelo en la mano mirando a Bartomeu. Que solo sirva para que nadie desespere. Ni que nadie dé nada por ganado. Porque igual que los blancos han sabido cambiar su dinámica, lo puede hacer el club culé. O no. O el Madrid puede perder otros tantos puntos estrepitosamente y al final no gana nada. O yo que sé. No me las voy a dar de adivino, o como mínimo no hasta que saque algún pleno al quince en la dichosa quiniela.
Que para lo único que sirva este post sea para darse cuenta que el fútbol es un estado de ánimo. Y que los estados de ánimo cambian, y más frecuentemente de lo que creemos. Al final, quien se lleva lo bueno en mayo es el equipo que más tiempo ha estado "feliz" durante la temporada. Así que no me hagan enfadar, señores de Deportes Cuatro, que hoy tengo que hacer otra quiniela y quiero llevarme aunque sea unas monedas.
Unos ganan, otros pierden. Estados de ánimo.