jueves, 7 de mayo de 2015

DIARIO: EL BARÇA - BAYERN DESDE DENTRO

Era un miércoles especial, Pep volvía al Camp Nou. O quizás simplemente era especial porque volvíamos nosotros, los culés, a la fase final de la Liga de Campeones; esa fase de la que nos ausentamos el año pasado. Un año horrible que al final, gracias al contraste que ha creado esta campaña respecto a la anterior, ha hecho que la ilusión vuelva a crecer en Barcelona.
Me dirigía temprano hacía el estadio, quedaban algo menos de dos horas cuando subía a un metro casi vacío, y ponía dirección Badal. Normalmente, esta línea suele estar llena de aficionados que llegan justos al campo, pero no a esa hora. Sin embargo, todo cambia cuando vuelves a salir a la calle. Ahora predomina el blaugrana. La mayoría de la gente lleva su camiseta con el nombre de su ídolo detrás y se dirigen, sino al campo, a sus cercanías. A esas cercanías llenas de bares y de peñas que le dan al barrio un toque especial. Sobre todo en día de partido como hoy.  Pero sin duda, lo que más impresiona de allí es levantar la vista y divisar, aun en la lejanía, la parte más alta del majestuoso Camp Nou. “Hoy es un miércoles importante”, me pasa por la cabeza.
Ponemos rumbo al complejo culé. Pasamos por esas calles tan del estilo de les Corts, un poco estrechas y sombrías, donde los coches pierden preferencia frente las marabuntas de hinchas que cruzan calles sin importarles cualquier señalización y donde en cada esquina hay algún culé con su Estrella en la mano comentando con su compañero opiniones sobre el deporte rey. En esas terrazas improvisadas se aprende más de futbol que escuchando ciertos programas deportivos. A ello que pasamos por el lado de un bar donde se encuentran los Almogàvers, el grupo de animación del club, y allí empezamos a ver alguna camiseta alemana. Más exactamente presenciamos una curiosa escena donde un hincha del Bayern y otro de Barça se retan a ver quién grita más fuerte el nombre de su equipo. Entre cervezas, parece que hay un empate técnico. Se empiezan a oír cánticos procedentes de la siguiente terraza. Esto se anima.

Paradas de camisetas y bufandas en las cercanías del Camp Nou.

Zona principal de entrada al campo.
Llegamos a uno de los accesos del Barça, y nuestra llegada coincide con la del autobús de los alemanes, que al pasar por delante de la zona de los hinchas culés ven como hasta se enciende alguna bengala y se oyen ciertos pitos y abucheos. Las camisetas del equipo alemán empiezan a verse con más frecuencia. Decidimos ir hacia las entradas de la tribuna principal. El ambiente es espectacular. Cuesta avanzar entre tanta gente vestida con la camiseta culé. Ya dentro de las instalaciones, vemos los dos grandes puentes que comunican las oficinas con el estadio y la parte exterior de la tribuna con una gran imagen de los jugadores.  El Camp Nou, un estadio de más de cincuenta años, parece rejuvenecerse en esta zona. El ambiente es jovial, pero a la vez que pasan los minutos la tensión crece: el partido es importante, el equipo no se puede permitir perder. La seriedad va aumentando. Después de pasar el rato dando una vuelta por esta zona, viendo diferentes equipos de  televisión de todo el mundo hacer entrevistas y previas sobre el partido, decido volver a la puerta 37, en el gol sur, a esperar a mi otro compañero, que por culpa del tráfico, llegará justo.
Me siento en unas grandes escaleras que quedan fuera del complejo. Ahí, hay gente como yo esperando a sus amigos para entrar a ver ya el calentamiento de los jugadores. Quedan escasos cuarenta y cinco minutos para que el balón eche a rodar. En este mismo lugar, me fijo en un chico argentino, de unos 25 años, con una chaqueta de Boca y barba de más de un mes, que a cada persona que pasa a su lado le recita la misma oración “Disculpe, ¿no tendrá un carné de más?“. La respuesta es obvia. El muchacho se quedará sin ver el partido. Pero es que la ilusión que se reflejaba en sus ojos, la tristeza de no poder ver a Messi en directo que se le notaba en la cara era tal, que si mi compañero llega a tardar dos minutos más, le doy yo la entrada que me sobraba y me iba con él a dentro. Por suerte para mi amigo, llegó a tiempo.

ROAD TO BERLIN

Fachada principal del Camp Nou.

Curiosa camiseta de un aficionado.
Ya dentro del Camp Nou, encontramos nuestra boca, nuestros asientos. Justo a tiempo para escuchar recitar al speaker la alineación del equipo visitante. Para mi sorpresa, el nombre de Pep Guardiola no iba a ser mencionado, y con ello, desaparecía la posible ovación del campo al que fue su entrenador. Llega el once del Barça, el once de gala. El campo está lleno, y antes de que salten los jugadores suena el himno. El campo se tiñe de blaugrana con el mural. Justo me da para levantar la cartulina, cantar el himno y grabar la escena. Brutal. La primera parte del himno acaba, se apaga la megafonía, pero el Camp Nou sigue cantando acapella la segunda estrofa, esa que solo los culés saben. Se acaba. Los jugadores saltan al campo. Todo el mundo sigue de pie, el mural aún se aguanta, y cuando están en fila los 22 protagonistas, suena el más mítico himno que el mundo del futbol nunca ha escuchado. El himno de la Champions. Vello de punta.  Hacía tiempo que no venía a un encuentro de Liga de Campeones; de hecho el último que presencié fue el descafeinado Barça – Bayern en el que nos ganaron 0-3. Qué cosas. Se acaba el himno. Esa finalización en que todo el mundo corea para sí mismo la traducción directa de “¡¡la Champiooooons!!” sin atreverse a cantarla. Una canción que no se canta, pero que se siente. Acaban las presentaciones, se va difuminando el “WE ARE READY” que mostraba la grada, y llega la hora de los “Almogàvers”, que justamente están en frente mío.  Como siempre, los primeros minutos del match fueron los más entretenidos, la gente cantaba y animaba como los grandes días, y la buena imagen del Barça hizo alargar este estado hasta el final de la primera parte, cuando daba la sensación de que habíamos perdonado al Bayern.
Foto tomada desde mi posición, a escasos minutos de que los jugadores saltasen al campo.

El espectacular mural desde la tercera gradería.
La segunda parte empezó más fría, el dominio inicial bávaro puso en jaque los nervios de los aficionados culés y en ese momento es cuando los aficionados alemanes se hicieron grandes. En la parte más alta del campo, empezaron a cantar y a saltar, totalmente coordinados, demostrando que la hinchada del Bayern es una de las mejores de Europa. Los culés, que no podemos presumir de ello, que normalmente vamos al campo como aquél que va al teatro, mal acostumbrados por el genial juego que se vive en el Camp Nou quizás, quisimos contratacar pitando y cantando aún más fuerte, pero la tensión del partido impedía quitar los ojos del terreno de juego.
Entonces llegó Messi y todo se acabó. El Camp Nou se rindió: se dejó la voz ovacionando al mejor. De ahí hasta el final del partido la grada fue una fiesta y a cada gol que subía al marcador, la alegría aumentaba y la voz se quedaba corta para expresar la felicidad que corría por las venas de los hinchas. A mí, por mala suerte, me tocó vivir los goles des de la portería más lejana, y no supe apreciar en el segundo gol la burrada de Messi hasta que lo vi en televisión. Si lo hubiera hecho en el campo, no sé cómo habría reaccionado. Con el gol de Neymar, momento que el campo ya se estaba vaciando de esa gente comúnmente conocida en Barcelona como “tribuneros”, se dio por cerrado el partido, abandoné mi sitio y por los pasillos interiores, arrastrado por una corriente de gente buscando la salida, cantamos el himno del Barça a la vez que nos íbamos. Algo especial.
Ya en la calle, aun se oían inicios de cánticos en las cercanías del estadio. El partido había sido un éxito rotundo, y la gente quería celebrarlo por todo lo alto, después de haber expulsado ese nerviosismo que tenían dentro. Al final, en el que iba a ser su partido, Pep no fue nadie en una noche que volvió a ser de Messi. O más que de Messi, del Barça. En el campo se sintió como una revancha contra el propio Bayern por lo de hace dos años, y a la vez como una manera de quitarse complejos frente a un pasado que aún estaba muy vivo en el Camp Nou. Parecía haberse enterrado para siempre el fantasma de Guardiola, del tiki-taka, parecía que el Barça había saldado la deuda que tenía pendiente con el futbol.
Volviendo ya en metro, esta vez entre aglomeraciones de gente, las caras que veían reflejaban tranquilidad y felicidad, aun no siendo conscientes de lo cerca que quedaba Berlín de les Corts tras ese partido. Con cara de aun no creerse lo que habían vivido en lo que iba a ser un miércoles especial  y que lo acabó siendo, pero no por Pep, sino por el Barça en general.

lunes, 4 de mayo de 2015

FILIGRANAS PREMIER: JORNADA 35

“BORING, WINNER CHELSEA”
Esta jornada ha decidido ya el campeón de la Premier League de este año: el Chelsea de Mou se ha llevado el título con relativa facilidad, pero yendo de más a menos y mostrando un juego bastante rácano las últimas jornadas, pues de las últimas nueve victorias de los blues, ocho han sido por un solo gol de diferencia. Este bache se acentuó cuando el equipo quedó eliminado de la Liga de Campeones allá en marzo. Estos últimos fines de semana en los diferentes estadios que ha pisado Mourinho se ha oído el cántico de “Boring, boring Chelsea” y aunque razón no les falta, hay que decir que al final, los que más disfrutarán de esta Premier serán los hinchas blues y no los demás.

HISTÓRICO UNITED
El Manchester United, en su tercera derrota consecutiva, ha superado un curioso récord: ha sido el equipo que ha perdido un partido obteniendo la mayor posesión desde que se registran datos, exactamente con el 80%. Es verdad que el West Brom no hizo méritos para ganar, pero probablemente los diablos deberían hacerse mirar este dato, pues ya les ha sucedido en algún partido más. Luego, se quejan de perder contra un Chelsea que solo consigue el 29% de posesión. Quizás el problema lo tengan ellos cuando tienen el balón.

“RODGERS OUT, RAFA IN”
Esa frase fue la que sobrevoló Anfield llevada por una avioneta el sábado pasado. Ni la victoria acabó de satisfacer a unos aficionados reds que están hartos de ser el cuarto o quinto equipo de la liga. Cuando ganaron su último trofeo liguero, Hazard, mejor jugador de la actual campaña y campeón este año con el Chelsea, no había ni nacido. Y es que aunque Rodgers no lo esté haciendo tan mal como otros lo han hecho en los últimos años desde el banquillo de Anfield, si quieren optar a más, deben pasar por un cambio de entrenador.

UNA PLANTILLA DE PRIMERA EN SEGUNDA
Esa plantilla es la del QPR. Sin duda por nombres y por talento deberían haber trazado una buena temporada. Pero a falta de 3 jornadas se encuentran a siete puntos de la salvación. Virtualmente ya son equipo de Championship. Un equipo con nombres como Zarate, Vargas, Al Taraabt, Kranjkar y por encima de todos Charlie Austin, cuarto máximo anotador de la liga, debería haber estado como mínimo en una zona tranquila durante la mayor parte de la temporada. Pero, al equipo le afectó mucho la marcha de Redknapp a principios de febrero y no supieron rehacerse. El año que viene Londres tendrá un equipo menos en la Premier.

BENTEKE, HÉROE DE VILLANOS
El Aston Villa está completando una segunda vuelta bastante decente: los resultados le han hecho salir del descenso e incluso se han  permitido el lujo de llegar a la final de la FA Cup. Muchos dicen que ha sido gracias al saltimbanqui Sherwood y sus celebraciones en la banda, pero si miramos los números vemos la realidad: Benteke ha sido el hombre que ha marcado la diferencia. Sus 12 goles en liga llevan salvando el culo a los villanos y sobre todo a Sherwood que está recuperándose de su mal inicio de año y con ello, parece que también se aleja del descenso.

“8 IN A ROW” PARA EL NEWCASTLE
Octava derrota consecutiva para los de St. James Park. Desde febrero que no hacen más que perder. Echaron a Pardew por decisión unánime y ahora se encuentran con Carver, que no solo no mejora lo de su predecesor sino que lo empeora. Cuando ya parecía que las urracas iban a pasar una primavera tranquila, estas “8 in a row” les ha puesto a dos puntos del descenso y en plena caída libre, contrastando con otros equipos como el Villa o el Leicester, el cual le endosó un doloroso 3-0 este fin de semana. Todas las gradas, y ya no solo las de St. James, reclaman la marcha de Mike Ashley, que realmente parece ser el responsable de este viaje sin rumbo que lleva tantos años el equipo.

El Chelsea campeón, ya le da igual aburrir a quien sea.

domingo, 3 de mayo de 2015

UN DIMECRES ESPECIAL

Dimecres serà un dia important. Com qualsevol matí, Barcelona s'aixecarà amb la mateixa son que caracteritza els dimecres. Jo, personalment, aturaré el meu odiós despertador amb la mateixa força que ho vaig fer la setmana passada. Tothom, o com a mínim jo, s'aixecarà amb la mateixa mala llet el dia d'abans i posarà rumb a la dutxa per espavilar-se una mica. El que passa, és que en un moment determinat d'aquesta odissea que hi ha entre el llit i el bany, el nostre cap, encara pensant en els llençols, recordarà la raó de perquè ahir a la nit no es podia dormir; doncs avui es jugava les semifinals de la Lliga de Campions.
Els ulls se t'obren de cop, i ràpidament fas el càlcul de les hores que queden pel matx. Encara són masses, millor no pensar-hi. Però t'adones de que això és impossible, que no és un partit qualsevol. Un culé ja hauria d'estar acostumat a aquestes situacions, però aquest dimecres saps que es juga contra el Bayern d’en Guardiola. I aquesta sensació no l’ha tingut mai ningun aficionat al Barça. S’assembla a aquell tipus d’estrès que t’agafa quan t’assabentes de que coincidiràs amb la teva ex a un sopar. Saps que no hi vas allà per ella i que no farà falta més que una salutació formal, però el nerviosisme et recorre el cos sense raó aparent, esborrant del teu cap les altres preocupacions del dia.
Dimecres aniré al camp, i quan el vegi allà d’en peu com un estaquirot amb el seu estil de ‘pijo’ intel·lectual que tanta ràbia fa intentaré fer-me el fort: procuraré convencem a mi mateix de que el passat ja ha passat i de que ara tot va molt millor que abans. Que no el necessitem amb nosaltres. No sé que faré quan l’anunciïn per megafonia, però ja em tocarà acceptar que tots els records que tinc d’aquell Barça són probablement els millors que mai tindré de futbol en clau blaugrana, i per tant, se que acabaré aplaudint-lo, tal i com en realitat s’ho mereix.
Ara sí, el que s’ha d’evitar és prolongar aquesta sensació de nostàlgia. Si bé sí que ha de ser rebut amb una gran ovació en el seu retorn al Camp Nou, res d’això ha d’afectar al rendiment  de l’equip sobre el camp, i si ho fa només com a forma de repte o de superació. La nostàlgia i els records es queden abans del xiulet inicial i, en cas de que haguem guanyat, per al final del partit també.
Dimecres nit Barcelona s’aturarà per rebre al artífex del millor Barça de la historia, del millor equip del món. Dimecres el Camp Nou ovacionarà i rendirà un sentit homenatge al millor entrenador que mai ha tingut el club. Però, per casualitats d’agenda, aquell mateix dimecres el Barça es juga la classificació per una final de Lliga de Campions que s’espera antològica, i més si es contra l’etern rival (que d’això ja en parlarem més endavant), i per tant el Barça no pot agenollar-se a aplaudir al seu etern mestre, o no ho ha de fer com a mínim mentre la pilota estigui rodant.

Guardiola torna al Camp Nou

lunes, 27 de abril de 2015

SUEÑOS BIANCONEROS

Esta semana la Juventus puede proclamarse ya campeona, por cuarto año consecutivo, del Scudetto y así consolidar su dominio absoluto en la nueva era del calcio italiano. Ahora bien, ganar la liga doméstica parece no ser un reto para los juventinos; des de que se asentaran como los reyes de la Serie A, el sueño de los millones de aficionados bianconeris ha sido volver a reinar en Europa, y eso parecía alejarse a la vez que Conte lo hizo de Turín. La marcha de Antonio para dirigir a la azzurra parecía cerrar un ciclo de alegrías nacionales y tropiezos internacionales. La gran espina de Conte con las competiciones europeas fue su cruz, y su dimisión dejaba a la Juve sin su pie de apoyo.
El 1 de mayo del pasado año, el equipo turinés abandonaba la posiblidad de disputar la final de la Europa League en su propio estadio, en una competición en la que era el máximo favorito. El seco empate a cero podría haber sido la gota de colmó el vaso en el proyecto de Conte. A mediados de julio nos sorprendía su dimisión casi sin previo aviso, y la Juventus, que temía perder su hegemonía en la bella Italia, decidió dar las riendas del equipo a alguien con carácter continuista. Evito innovar para intentar sorprender en Europa entregando el mando a un entrenador ya con experiencia en la Serie A. Allegri era el escogido. Y la verdad, no levantó mucha pasión en los tifosi juventinos. A parte de haber pertenecido a un rival como el Milan, Massimiliano no había sembrado grandes temporadas en el club rossonero. Era un claro signo de decadencia para muchos. A parte, la marcha de Conte parecía ser la primera de muchas en el equipo, pues jugadores franquicia como Pogba o Vidal sonaban cada mañana en los tabloides de toda Europa como posibles refuerzos para otros clubs con más aspiraciones. La Juventus parecía empezar a oxidarse como se oxidaba todo el futbol que le rodea geográficamente.

Paul y Arturo sonaron como posibles refuerzos de media Europa en el verano pasado.
Sorprendentemente, no hubo ventas de estrellas y llegó setiembre con la plantilla casi como Conte la dejó. Ningún pilar más había caído y se habían incorporado hombres que podían cargar con responsabilidades como Evra y Morata. Y sí, aunque en Italia todo siguió igual de fácil, su trayecto europeo seguía el mismo ritmo que el del año pasado. La derrota frente al Olympiacos les dejaba sin margen de error. Salvaron la clasificación remontando in-extremis el partido de vuelta a los de Michel y llevando a cabo un "biscotto" frente al Atlético en la última jornada de la liguilla, con un triste empate a cero. Las esperanzas eran más bien escasas.
Allegri, mientras tanto, trabajaba en variar lo que fue una seña de éxito en la anterior etapa del club. Planeaba volver a la defensa de cuatro y olvidarse de los tres centrales que Conte puso como ley y que tan buenos resultados había dado. Discutido por prensa y afición, el técnico italiano fue implantando nuevas disposiciones paulatinamente.
Igual de lento que iba adaptando el equipo a un nuevo estilo, se iba cociendo el Scudetto. Ningún equipo en Italia podía parar a los de Allegri y ya desde el final de la primera vuelta se podía oler como acabaría la liga: tal como está a día de hoy. Pero la agradable sorpresa para los tifosi fue la gran eliminatoria que disputó su squadra frente el Dortmund. Superó con cierta facilidad un escollo que, aun el mal rendimiento de los de Klopp por entonces, se asemejaba un escalón demasiado alto para los italianos. Y no contentos con eso, y gracias a un afable sorteo, la Juve se ha plantado en semifinales tras eliminar al Mónaco con lo justo y necesario, jugando como un equipo italiano sabe jugar. A parte de eso, los diferentes ensamblajes que componían la plantilla empezaban a funcionar como maquinaria suiza: Tévez se ha mantenido como Cappo Canioneri casi toda la temporada y junto con la irrupción de Morata ha hecho que el ataque de la Juve haya mejorado notablemente; a parte, Allegri ahora puede jugar tanto con tres como con cuatro defensas según le convenga con el mismo rendimiento de sus hombres, se pudo ver en la eliminatoria frente al Mónaco.

Tévez y Allegri: dos piezas claves en la gran temporada juventina


¿Quien iba a decir que la Juve de Allegri superaría a la de Conte? Cuando todo eran señas de pesimismo y de retroceso a principios de temporada, a día de hoy la Juventus sueña con el triplete. Massimilliano ha sabido adaptar lo bueno de la filosofía del ahora seleccionador de Italia y juntarlo con nuevos aspectos que ha ido creando en su cabeza, de la cual antes nadie confiaba. Es verdad que son el cordero en la manada de lobos que aun sigue andando por Europa, y que con Pogba aún lesionado sus posibilidades de dar la sorpresa en el viejo continente se reducen mucho. Pero, si no pueden soñar hoy, ¿cuando lo harán? Pues aunque por ahora no se está observando, parece evidente que la dinámica en la que está entrando el futbol italiano acabara arrastrando a la Juve hacía la mediocridad y la alejará de las posiciones altas en los torneos internacionales, y al final, será inevitable que Pogba y demás acaben encontrando salida tarde o temprano. Hoy tienen la posibilidad de disputar una semifinal de Liga de Campeones, algo que no hacían des de 2003, y aunque sus armas se queden pequeñas frente a las de sus rivales, Barça, Bayern y Madrid deberán evitar relajarse frente un equipo que llega con los ojos puestos solo en la Champions y que ha hecho de la garra y la seguridad defensiva sus mejores virtudes. Un hueso duro de roer para los lobos y que a alguno se le puede atragantar.

Con el trabajo hecho, ha llegado el momento de soñar para la Juve.

lunes, 20 de abril de 2015

EL 29% DE MOURINHO

Yo, que siempre había defendido a mi amigo José, yo que siempre me puse de su parte en los debates sobre el resultadismo y que siempre rechacé la idea de que el juego de Mou era el antifutbol, ahora empiezo a ver las cosas con otra perspectiva. Un número tal como el 29 me ha hecho plantearme muchas cosas, por suerte solo cosas intrascendentes como el futbol.
Este 29% que se menciona en el título proviene de la posesión que tuvo el Chelsea en el último partido de PL ante el Manchester United. Los blues ganaron, eso sí, y con ello han certificado más si se podía el campeonato liguera de Inglaterra, pero... ¿puede un líder hacer tan grotesco papel en un encuentro disputado en su propio feudo?
Una parte de mí, la que estos últimos años me hablaba al oído cuando sonaban críticas a Mourinho me dice que sí, que "¿por qué no?", pues la posesión no gana partidos. Es más, después del choque preferiría haber sido hincha del Chelsea que no del United, al fin y al cabo, lo que a uno satisface es ganar trofeos, y eso se consigue con puntos, con victorias y no con buen juego. Es más, si me dan a elegir ser campeón de la Liga de Campeones o tener el juego más deslumbrante de Europa me quedo con lo primero sin lugar a duda. Y es que de hecho, jugar a defender solo acaba siendo una de los millones de tácticas que existen en este deporte, y es tan lícita como cualquier otra. Se zanja el tema pues, Mourinho hizo bien regalando el balón a un United que no supo marcar gol delante de un Chelsea que defendió de maravilla su arco.
Pero por otra parte, algo dentro de mí me dice que eso no está bien. Me lo dice aquel yo que vio el partido frente al PSG. Un París con diez fue capaz de acabar con un Chelsea que le perdonó la vida cuando los franceses estaban moribundos. Fuera de Europa amigo José, quisiste asegurar y "quien no arriesga no gana" dice el refrán. Así que, como entrenador de uno de los clubs más grandes del planeta y como futuro campeón de la Premier League, el sábado deberías haber jugado como un líder tan consolidado como tú juega, sin miedo a ningún equipo, sin regalarle la posesión, en definitiva, queriendo ser el mejor. Porque este fin de semana no pasó, pero no sería la primera vez que por intentar amarrar algo con lo justo acabas perdiendo todo. Sábado pasado te retrataste amigo: un club grande y ,es más, un entrenador como tú no puede dar esa imagen. Es algo que se te exige.
Al final, dándole vueltas me he dado cuenta de las diferencias entre estos dos egos, por decirlo de alguna manera. Mi primera yo defiende a Mourinho, o más bien le defendía antes. Le defendía cuando tenía que pelear una Liga contra el mejor Barça de la historia o cuando se enfrontaba a un arrollador Bayern con cuatro jugadores con más corazón que clase que vestían la camiseta del Inter. Lo defendía cuando el Oporto demostró al mundo que se puede ganar siendo pequeño. Pero eso ya no vale; amigo Mou, hoy por hoy tienes una de las mejores plantillas del mundo, y la mejor en tu campeonato nacional, y eso te obliga a salir a dominar todos los partidos. ¿Y sabes porqué? Porque puedes. Hay que cambiar el chip, José, porque es verdad que los títulos son los que prevalecen, pero cuando estos no llegan, lo que te salva es tu juego. Y cuando no lleguen, la gente se pondrá en tu contra y volverás a salir por la puerta de atrás como ya te ha pasado alguna vez. Avisado quedas. No queremos ver otro 29%.


Cuidado José, porque "el que no arriesga, no gana".

domingo, 12 de abril de 2015

COMO APROVECHAR EL SER MEDIOCRE

Marouane Fellaini no le debe gustar la música clásica. No tiene cara beber un té a las cinco aunque desde hace años viva en Inglaterra. Y yo, a Marouane, no me lo imagino vestido con un cuello alto al más puro estilo Guardiola y unas gafapasta en un concierto de algún grupo indie-folk en una pequeña sala hipster de Manchester. El amigo Fellaini tiene pinta de tipo duro, un "bad boy" digamos. Su indescriptible melena afro inimaginable en la cabeza de cualquier otro belga y sus pobladas cejas dejan entrever que a este buen hombre le gusta la cerveza, el buen whisky y el rock de los setenta. Aun así, ya saben que no se puede juzgar a nadie por su apariencia, y yo no lo haré más de lo que ya lo he hecho. Si hay que juzgar a Marouane es por su atípica forma de jugar al futbol.
En los tiempos que corren, donde se alaba el futbol de toque y cada vez más se crítica la vieja táctica del resultadismo, el belga del United vive en un mundo a parte, pues quizás él, personalmente, no es como parece, pero su futbol y su fisionomía encajan perfectamente. No le pidas que te devuelva una pared en un palmo de terreno, ni que te cruce el campo con un pase de sesenta metros con precisión milimétrica, tampoco le reclames que drible en la frontal y le de rosca al balón colocandolo lejos del portero. Eso no. Ahora,  si hay que irse a pelear por un melón que ha despejado tu central e intentar bajarlo al piso o rebentar una pelota muerta a diez metros del meta, tu hombre es Fellaini.
Al chaval a parte, le va el mambo. Le va el ataque. Sí, ya hemos visto jugadores de su envergadura y condiciones jugando de medio centro defensivo o de central haciendo de corta fuegos y corriendo arriba y abajo incansablemente, pero él decidió ser media punta. "¿Por qué no?" Pensaría. Llegó al United como último recurso tras los fracasos del club para traer a un organizador con clase, y Moyes le intentó vender a Old Trafford gato por liebre, o más bien toro por liebre si se permite el símil. La horrorosa temporada del ex-toffee asustó tanto a los aficionados de los Red Devils que lo quisieron enviar tan o más lejos que el mismo Moyes. Pero se quedó. Y se quedó en el banquillo. Porque un año más el ManU volvió a fichar a jugadores TOP para devolver al equipo a la lucha por el título. Y tras un inicio de temporada donde nadie quería verle ni acercarse al balón, los diablos rojos se vieron hundidos en la tabla y sin ningún tipo de esquema táctico claro.
A falta de resultados, Fellaini empezó a entrar en el equipo y ya no salió de ahí. Tiene mérito jugar en posición de ataque en un equipo con gente como Di María, Van Persie, Rooney o Falcao entre otros. De todos los magos que tiene el United, Van Gaal ha decidido dejar jugar de media punta al tipo alto con entrecejo y de tosco juego. Y si juega, es porque se lo ha ganado. El equipo está en una muy buen racha desde que Marouane juega por detrás del punta y el juego del equipo se ha adaptado a él. El chico no intenta jugar bonito ni dar espectáculo, él se centra en lo suyo: bajar balones, crear segundas jugadas, correr, chutar fuerte cuando tiene la ocasión y si hay que hacer un tackle, se arremanga los pantalones y se lanza por la pelota sin miedo.
Quizás Fellaini no sea una estrella del futbol, quizás no sea el mejor con el balón en los pies. Quizás su juego puede parecer hasta algo mediocre comparado con el de sus compañeros. Pero la realidad es que el que juega, y el que gana, en el United ahora es él. La cuestión es saber aprovechar el hecho de ser mediocre. Pues porque Fellaini posiblemente es el mejor jugador mediocre de todo el mundo actualmente y eso al fin y al cabo es ser el mejor en algo, aunque cada día se eché suavizante y acondicionador "rizos perfectos" mientras escucha Ed Sheeran después de depilarse el pecho.

Fellaini con cara de "mucho toque pero os he vuelto a salvar el culo".